La Marina noruega inicia la búsqueda de Roald Amundsen
Desapareció en el Ártico en 1928.

La Marina de Noruega inicia hoy una búsqueda de 10 días en el Océano Ártico para hallar a su héroe nacional Roald Amundsen, primer hombre en alcanzar el Polo Sur, en 1911, y desaparecido en 1928. El explorador partió el 18 de junio de 1928 de Tromsø, en el hidroavión francés Latham 47, para rescatar al italiano Umberto Nobile, extraviado en el Ártico tras sobrevolar el Polo Norte con el dirigible Italia. El año anterior, en 1927, el noruego y Nobile llevaron a cabo una expedición similar en la que se produjo un desencuentro entre ambos: discrepaban sobre a quién pertenecía el honor del logro, que convirtió a Amundsen, junto a su compatriota Oscar Wisting, en los primeros aventureros en alcanzar ambos polos.
Pese a sus desavenencias, Amundsen no dudó en poner su experiencia al servicio del salvamento de Nobile. Se cree que su aeronave, excesivamente cargada de peso, se estrelló en el Mar de Barents, cerca de la isla Bjørnøya. Las misiones de rescate del Gobierno noruego finalizaron en septiembre, cuando se perdió toda esperanza de localizarle. Su cuerpo nunca fue recuperado. Sin embargo, Nobile sí fue encontrado con vida.
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Ahora, la Marina nórdica, que ya fracasó en un intento semejante en 2004, ha preparado un proyecto que sale de Tromsø y en el que también colaboran el Museo de Aviación noruego, una empresa de tecnología marítima y un canal de televisión alemán, que rodará un documental. La expedición contará con dos barcos, el Harstadt y el Tyr. Desde el Tyr se controlará el Hugin 1000, un robot submarino capaz de cartografiar con detalle el fondo marino y que goza de una autonomía de 18 horas diarias. En el caso de que encuentre algo, se recurrirá al Scorpion 21, otro robot sumergible dotado con cuatro cámaras de alta definición para registrar cualquier tipo de objeto.
La búsqueda se concentrará en un área de 45 millas cuadradas en el Mar de Barents, donde se espera que puedan estar los restos del Latham 47. Un remolcador avistó en esa zona, en 1933, una pieza similar a la del motor de un avión, atribuida al de Amundsen, y aunque no pudo ser recogida, la posición quedó marcada en los mapas.
