La marcha es un escándalo: Borchin ganó a la carrera
Paquillo se retiró: "No me iban ni la cabeza ni las piernas"

El ruso Valeriy Borchin une a sus pasados problemas con el dopaje una habilidad extraordinaria para marchar con los dos pies en la estratosfera. Sus presuntos trasiegos con sustancias prohibidas a punto estuvieron de dejarle fuera en los Juegos Olímpicos de Pekín, que finalmente ganó, y son ya agua pasada. Pero su tendencia a convertir la marcha en carrera, a volar más que planear, clamó ayer al cielo en los alrededores de la Puerta de Brandeburgo, en el corazón de Berlín y en la prueba de 20 kilómetros. Hasta en cuatro ocasiones fue cazado por los fotógrafos con ambos pies en el aire, algo totalmente prohibido.
Pero no fue descalificado. Y ganó. Incluso se permitió el lujo de llegar a la meta victorioso... y con los pies ajenos al asfalto. La marcha tiene un serio problema, porque es la única especialidad del atletismo en la que rigen criterios subjetivos: las salidas nulas las detecta un aparato de precisi las llegadas apretadas se dilucidan en la foto-finish en milésimas de segundo, los lanzamientos se miden con instrumentos de trigonometría... la marcha está en el siglo XIX y son los jueces quienes deciden quién marcha regularmente o quién no. Se descalifica tras el tercer aviso y cada uno de ellos tiene que haber sido emitido por un juez distinto.
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En cuanto a Paquillo Fernández, se retiró en el kilómetro once, cuando marchaba a unos trece segundos de la cabeza, y se perdió la primera opción española de medalla. "Me he sentido muy mal; las piernas no me iban y la cabeza tampoco", dijo Paquillo al terminar. Ahora se dedicará a los 50 kilómetros. "Comienza un nuevo ciclo", reconoció el tres veces subcampeón mundial.
El primer español fue José Ignacio Díaz, que acabó el décimo sexto. Esta es la peor clasificación de un marchador español en la alta competición desde hace 33 años, cuando en los Olímpicos de Montreal no acudió ningún español en esta prueba.
