"Una serie diaria es como un Mundial en voleibol"
José Álvarez, de 'Un Golpe de Suerte', fue deportista


Antes que la piel de Víctor en la serie de Telecinco, Un golpe de Suerte el oficio de José Álvarez (Oviedo, 1987) era el voleibol. "Empecé en el colegio y jugué toda mi vida, teníamos un equipo muy bueno y eso me impulsó hacia la selección asturiana". Hubo más saltos: el chico era bueno, apuntaba, cambió Asturias por Palencia. "Ingresé en el Centro de Alto Rendimiento, donde estuve tres años, jugué el Europeo juvenil y entrenaba cinco horas cada día, con intensidad" y un sueño: "ser como Rafa Pascual".
Después le fichó el Elche, donde disputó la Superliga, pero la ambición de vivir del voleibol se esfumó. "Lo dejé al terminar la temporada 2007/08. Aparte del voleibol, en mi vida había otro sueño: quería estudiar arte dramático". Y decidió abandonar sus conquistas ante la red, por probar qué tal con el sueño de ser actor. "Fue hace dos años, cogí la mochila, un bonometro y me planté en Madrid. No tenía referentes, así que fui picando puerta por puerta buscando una oportunidad".
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La agencia Delfos se la dio y en su salto al vacío sin red encontró un maestro, como otrora fuera el ejemplo de Rafa Pascual, en Juan Codina. Compaginaba la escuela con los castings. Horas y horas de colas recompensadas con pequeñas frases en El Internado o Aída. En enero todo viró: llegó su primer papel fijo, en La que se avecina. Pero duró poco bajo la piel de Hugo García. "En abril me llamaron para ser uno de los protagonistas de Un golpe de suerte". La apuesta juvenil de Telecinco para su sobremesa, "un proyecto innovador en España. Tipo Gossip Girl".
José compara sus oficios. El que se quedó atrás y el de actor, y suena rotundo: "Grabar una serie diaria es como un Mundial en el deporte. Trabajas once horas diarias, con idéntica intensidad". Aquella, dice, fue una etapa muy bonita, pero "incompatible con la actual". Eso sí, entre toma y toma, José se escapa y le dedica su tiempo al deporte. Como entonces.