Trabajar con Seve, el sueño que no ha cumplido
Steve Williams confesó hace unas semanas a Golf Magazine que uno de sus sueños hubiera sido trabajar para Seve Ballesteros. "Me gustaba su juego. Hubiera sido un reto porque hubiera necesitado utilizar la teoría de Pitágoras para darle las medidas de su golpe desde un parking". Como que le van los imposibles, Williams decidió invertir su tiempo libre ("cuando no estoy con Tiger en golf no sé ni quién ha ganado el torneo") en su gran pasión: el speedway, las carreras de coches por los circuitos de Nueva Zelanda. "Vivo para correr", ha llegado a decir. El propio Tiger ha sido espectador de excepción en estas carreras en las que ha cosechado muchos podios.
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A todo tren, Williams no deja a nadie indiferente. Dicen de él que tiene dejes racistas y que su mal humor es indisimulable. No se le ocurra ir a ver a Woods y sacar una cámara de fotos en mal momento porque acabará en el lago más cercano.
En 2008, mientras asistía a la última exhibición de Tiger antes de la operación de rodilla (ganar el US Open cojeando), Williams se sensibilizó con una fundación de Auckland que combate el cáncer infantil. Tuvo entonces una brillante idea: "Donar un millón de dólares a esta fundación ha sido uno de las grandes decisiones que he tomado en mi vida".