Nadal-Murray, una final para despejar incógnitas
Rafa controló sin problemas a Andy Roddick en dos sets


Si Andy Murray no ejerce de dique en la final de hoy, el tenis mundial puede plantearse ir mirando a Rafael Nadal como los marineros de las novelas cuando llegaban a las proximidades del explosivo volcán Krakatoa. O a los dominios de King Kong.
La realeza se va despidiendo, la guardia cambia. Tras la dolorosa derrota de ayer ante Murray, Roger Federer reaccionó con sarcasmo inexorable. "Pierdo por atleticismo, por fitness. Yo soy viejo y él es joven", dijo el gran Federer, más bien hundidillo. Roger entró en la Sala de Prensa con sus bolsas de raquetas: desolado.
Roddick.
Pero es que, antes de la semifinal con Nadal, a Roddick se le ocurrió decir que la superficie de Indian Wells, la típica pista dura estadounidense, "probablemente favorece a Nadal". De la tierra batida no habló. Así las cosas, si Murray, presunto elegido para detener a Nadal no lo hace, aquí en la pista dura de Indian Wells ¿quién podrá hacerlo? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Con qué armas...?
A Roddick, por ejemplo, no le bastaron servicios gigantes entre 220/225 km/h, ni siquiera su renovada condición física: bajo el nuevo plan de Larry Stefanki, Andy ha perdido seis kilos. Ante Nadal, el premio por todo eso se ciñe a un amago de remontada: digamos, demorar la derrota final cuando Rafa servía para el partido con 5-4 en el segundo set, para dejar al fin esa última manga en 7-6. Para Rafa Nadal, por supuesto.
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El viento complicó a Nadal ese segundo set que debería haber resuelto bastante antes. La primera manga, 6-4 para Rafa, murió en el séptimo juego, cuando Nadal arrancó dos puntos colosales ante remates y subidas de Roddick, a la desesperada. Desde ahí, Andy cargó hacia la red como un poseso, un cowboy de rodeo que se niega a ser derribado por el toro más salvaje. Hacia el final del partido, el toro en cuestión había corneado al cowboy en el 70% de sus subidas a la red. Aproximadamente, Nadal pasaba a Roddick de todas las maneras posibles en dos de cada tres oleadas furiosas del chico cañonero de Nebraska y de Stefanki. La muerte súbita del segundo set quedó sentenciada en una de estas intentonas de Roddick, puro harakiri.
6-4 y 7-6, pasaporte de Nadal a la final en hora y 50 minutos. Queda Murray, con la realeza despidiéndose y el resto de la guardia mirando al Krakatoa o a King Kong: ustedes mismos. Y, si Nadal ya no pierde ni en pista dura y a tres sets, ¿Dónde, cuándo, cómo?