Una arruga más en la cara de Cándido, el Urtain mayor
En los últimos tiempos Cándido Ibar sólo tiene una misión en la vida: sacar a su hijo Pablo del corredor de la muerte. Cándido, hermano mayor de José Manuel, fue pelotari profesional, y sabe que a los Urtain les persigue un maleficio que él quiere romper con su lucha contra todo. Su hermano, el boxeador más famoso de España en los setenta, José Manuel Ibar Urtain, se suicidó cuando la vida le dio la espalda; sólo fue una tragedia más en la familia. Por eso, cuando Pablo nos recibió en el penal de Starke (Florida) en 2001, Cándido estaba atento sobre todo a la moral de su hijo. Durante algún tiempo albergó la esperanza de que el chico tuviese un juicio justo en el que pudiese defenderse, pero han pasado casi ocho años, y hace uno, cuando Cándido estuvo en Madrid en la Fundación Rubial, era un hombre agotado, con esas arrugas como surcos que recorren la frente de los duros vascos baqueteados. No veía solución. Seguro que ayer le apareció otra, pero de felicidad y esperanza.
