Rourke volvió a sentirse estrella de cine en el ring
El actor se quedó a las puertas del Oscar con 'El Luchador'.


Apareció por la alfombra roja impecable con su traje blanco, pero detrás de su imagen de tipo rudo y de sus estudiados ademanes de estrella se escondía un hombre preso de los nervios. A sus 56 años, Mickey Rourke, actor y ex boxeador, volvía a sentirse una estrella de cine. El que alcanzara la fama tras protagonizar junto a la explosiva Kim Basinger la película Nueve semanas y media (1986), optaba al Oscar al mejor actor en The Wrestler (El Luchador). Era favorito, pero se quedó a las puertas.
A raíz de aquella película Rourke se convirtió en uno de los símbolos eróticos en los ochenta, pero los excesos, el alcohol y las drogas le fueron alejando del glamour de Hollywood. En su huida de sí mismo aparcó el cine y, ya rumbo a los 40, recuperó una vieja pasión: el boxeo. Rourke fue boxeador profesional entre 1991 y 1994, en el peso semipesado. Era conocido con el apodo de El Marielito. "Tuve que regresar al boxeo porque sentía que me estaba autodestruyendo y no tenía respeto por mí mismo como actor", confesó Rourke. Fracasó. "Más tarde me di cuenta de que la mayoría de la gente que venía a verme quería que perdiera", aseguraba después.
Con Randy, el personaje al que da vida Mickey Rourke en El Luchador, el actor estadounidense ha vuelto a sentirse un actor con mayúsculas. "Cuando leí por vez primera el guión, odié al personaje porque es un perdedor que no puede hacerse cargo de ninguna responsabilidad. Así fui yo durante muchos años antes de ir a terapia", confesó recientemente al diario británico Daily Star.
Rourke se ha enfrentado en el personaje de Randy a una interpretación cargada de dramatismo y dificultades. La película recrea con gran realismo todo lo que rodea a la lucha libre americana independiente. Rourke encarna a un luchador que antaño fue una estrella y que con el paso del tiempo se convierte en un juguete roto.
Obsesión.
Mickey Rourke quiso ser deportista antes que actor. De hecho, llamado en realidad Philip Andre Rourke, se puso el nombre de Mickey por su pasión por el mítico jugador de béisbol, Mickey Mantle. Pero el boxeo fue su obsesión. Siempre ha presumido de entrenarse en el gimnasio de Angelo Dundee, el que fuera mánager de Muhammad Ali y de haberse medido en privado con un campeón del mundo como Luis Manuel Rodríguez.
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Como profesional, Rourke disputó ocho combates, ganó seis (cuatro por K.O.) y dos fueron nulos. Uno de ellos lo disputó en Oviedo en 1992. Se midió al canadiense Terry Jessmer, al que venció por abandono de éste. Dos años más tarde Rourke disputaría en Florida su último combate: un nulo. Se marchó del boxeo fracasado, con la salud deteriorada y la cara llena de cicatrices. "Paré cuando fallé en una prueba neurológica y empecé a tener pérdidas de memoria. Me aconsejaron que lo dejara", confesó. Y volvió al cine.
La pasada madrugada, mientras se disponía a escuchar el nombre del ganador del Oscar al mejor actor, Rourke juntaba las manos con fuerza sobre su castigado rostro. "No oigo como antes, olvido cosas y ya no soy tan guapo pero, maldita sea, aquí sigo y seguiré luchando", es una de las frases que pronuncia Randy al final de la película. Eso mismo debió pensar Rourke en el momento en que oyó el nombre de Sean Penn en lugar del suyo.