Pantalones de pitillo por Olazábal

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"El golf es un deporte de caballeros". Así define Álvaro Quirós (La Línea de la Concepción, 1983) su profesión, a la que luego sazona con las mejores dosis del humor puro de los andaluces.

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En Guadiaro, el pueblo de Valderrama, Álvaro es feliz junto a María y sus sesiones de entrenamiento en ese campo que un día le vio pedir autógrafos y ahora le recibe con honores de crack. Es amigo de Sergio García, de Gonzalo Fernández-Castaño, de todos los españoles del circuito. No se le puede odiar. Es imposible.

Con los años fue cumpliendo sueños. Tuvo un gran recorrido como amateur, pasó a profesional y ganó en Suráfrica, luego se lesionó la muñeca sabiendo llorar a su tiempo y recuperarse después para volver a triunfar. Son muchas cosas. Pero le faltaba una: jugar una vuelta con José María Olazábal. Antes de la Navidad pasada, Álvaro le pidió a Sergio que le pusiera con Chema en el torneo que organiza en Castellón. Y así fue. "Shema, mira que me he puesto mis pantalones de pitillo para jugar contigo. ¿Cómo quieres que te pegue a la bola? ¿Bajita? Pues bajita, pisha". El misil estaba servido. Porque este Quirós, que nada tiene que ver con la saga de los Quirós, es el mayor pegador del circuito. Quizá no haya nadie, ni siquiera en el mundo, que alcance tanta distancia con la bola. Precisión, potencia y risas: la fórmula de la victoria.

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