La 'Mujer 10' trabaja en favor de la juventud
En Montreal entró en la leyenda con el primer 10 de la gimnasia. Nadia Comaneci, con una vida de película, pasó ayer por Madrid.
Antes de que Bo Derek protagonizase La Mujer Perfecta de Blake Edwards en 1979, el mundo del deporte ya la había descubierto, porque la rumana Nadia Comaneci, a los 14 años, en los Juegos de Montreal, escribió uno de los momentos de gloria que perviven para siempre: el 10 en las asimétricas la elevaron a los altares deportivos, y su vida intensa (novia a la fuerza del hijo de Ceaucescu, el dictador rumano, huida tormentosa y final feliz) la han convertido en un mito.
Ya no es la niña de la mirada triste que enamoró al mundo con sus medallas olímpicas y mundiales; tampoco tiene ya nada que ver con sus tiempos de bulímica cuando se escapó de Rumanía y vivía con un camionero compatriota en moteles de Estados Unidos. Ahora, con más busto, con una cara sin arrugas, con unos labios al gusto americano, es una diosa del deporte que asume su rol de modelo: "Los deportistas que hemos triunfado tenemos la obligación de proporcionar valores a la juventud, que tenga dónde mirarse, un buen espejo".
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Y Nadia, casada con una estrella de la gimnasia estadounidense, Bart Conner, que regenta un macrogimnasio en Oklahoma donde reúne más alumnos que licencias hay en España ("Tenemos 1.200 inscritos, el ochenta por ciento chicas"), también encuentra tiempo para dedicarse a su función de vicepresidenta de Special Olympic. Por eso pasó por Madrid, para trabajar con un grupo de deportistas a través de la Fundación Laureus. "Me gusta destacar el trabajo de los padres con sus hijos; son ellos quienes les hacen sacar esas ganas de competir".
Nadia, que sabe lo que le debe a aquel 10 increíble de Montreal, que ha sido madre a los 43 años ("nunca es tarde para esta maravillosa experiencia"), no deja de sorprender: continúa siendo tan accesible para todos y eso es lo es lo que de verdad la convierte en irresistible.
