Un desenlace que empaña la victoria
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España logró el objetivo pero de una manera extraña. El gol en el último segundo hizo saltar una polémica que la Selección no quería ni merecía. El recuerdo del triunfo quedará un poco empañado por todo el lío que se formó. Si bien es cierto que nadie de los que estuvimos en el pabellón pudimos ver si el gol estaba dentro del tiempo o no, toda la espera que se tomaron para sacar una conclusión enturbió lo estrictamente deportivo.
También es verdad que en los cincuenta minutos anteriores los de Venancio no hicieron su mejor fútbol sala. El encuentro fue muy igualado en todo momento y ambos conjuntos tuvieron excesivo miedo. Los dos querían ganar, sí, pero el miedo a perder era superior. Cada vez que alguno marcaba un tanto quedaba paralizado, sin ir al ataque, como con temor a perder en unos segundos lo que tantos minutos de esfuerzo había costado. Su rival el domingo, Brasil, tampoco lo tuvo nada fácil ante Rusia. Así que la final será un encuentro sin pronósticos. Tanto España como Brasil llegan tocados físicamente. Todos esperábamos un duelo entre España y Brasil pero las circunstancias tendrán más peso del que preveíamos. Ganará el Mundial el que sepa jugar con más cabeza, dosificando las fuerzas que les queden.