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Obama vs McCain: el deporte también juega

El republicano es aficionado al boxeo y el demócrata al basket

<b>EN TIERRA DE BALONCESTO. </b>Barack Obama juega al baloncesto en la Riverview Elementry School de Elkhart (Indiana), durante su campaña como candidato demócrata.
Héctor Martínez
Subdirector de AS
Nació en Madrid en 1969. Licenciado en Ciencias de la Información (Periodismo) por la Universidad San Pablo CEU. Entró en el Diario AS en 1991. Hasta 2017 ejerció como redactor en las secciones de Baloncesto, Cierre, Más Deporte, Fútbol y Motor. En 2016 es nombrado redactor jefe de la sección de Motor. Desde 2017 es subdirector del diario.
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La próxima madrugada se enfrentan en el segundo debate electoral de Estados Unidos. Será en la Universidad de Belmont (Nashville, Tennessee). John McCain contra Barack Obama, republicano contra demócrata, antagonistas incluso en el deporte: McCain ama el boxeo y Obama es un apasionado del baloncesto. Hay analistas que quieren ver en ello algo más que una simple afición, como si los hobbies de los candidatos fueran una hoja de ruta sobre lo que van a hacer en el futuro si salen elegidos. Nosotros sólo vemos deporte.

En la foto que abre este reportaje, Obama lanza un tiro libre y deja la muñeca quebrada, el gesto que enseñan a los niños en el colegio y que queda para el resto de sus vidas. Desafortunadamente para el senador de Illinois, la agenda electoral no le deja mucho tiempo libre para "jugarse unas canastas", como suele decir. Además, hay riesgos que es preferible evitar a estas alturas del partido. "Me imagino que si aparezco en pantalla con la nariz rota o sin dientes, el debate no sería lo mismo, así que es mejor moderarme y arriesgar lo justo", apunta Obama, 1,87 de estatura, quien aprendió bote y técnica en el instituto Punahou (Hawaii). Desde entonces no ha dejado de jugar y ver baloncesto y ahora, a los 47 años, pese a los elogios de quienes juegan con él (que tildan de letal su gancho de izquierda), mantiene la modestia: "Puedo jugar al baloncesto con una pasión que siempre excede mi limitado talento".

Quizá sólo sea una treta para que McCain se confíe y baje la guardia. No lo hará el republicano, cuyo amor por el boxeo se remonta a su etapa de formación militar en la Academia Naval de Annapolis (Maryland), en que peleó como peso ligero. Eran los años 50, cuando los cuadriláteros tenían reyes cuyo nombre y apellidos han quedado grabados para siempre, allí y aquí: Jersey Joe Walcott, Rocky Marziano, Sugar Ray Robinson... El senador por Arizona (ligado a los Cardinals, su equipo de béisbol) suele repetir que el boxeo le enseñó a no rendirse jamás "por más difíciles que pinten las cosas". Lo emplea como metáfora para la vida, algo que podríamos ver como una inyección vitamínica que le permita remontar en las encuestas electorales que lidera Obama. Habitual en el ringside de las grandes veladas, sobre todo en Las Vegas -estado que hace frontera con su natal Arizona-, donde se le vio disfrutar de lo lindo en el De la Hoya-Mayweather, McCain fue el impulsor en 2004 de la cruzada contra el dopaje en la Liga de béisbol (MLB). También fue clave para que entrara en vigor la ley que en 1996 incrementó los requisitos médicos para que un púgil pudiera subir al ring o la que en 2000 reguló el conflicto de intereses entre managers y promotores.

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Fuerte carácter.

Sin embargo, soltando sedal hacia su pasado, descubrimos el verdadero carácter del candidato republicano, a quien en el buque escuela sus compañeros apodaron como McNasty: es decir, McSucio. Mientras que Obama se esfuerza por ganar la carrera electoral que en 1861 encumbró a otro senador por Illinois como él, Abraham Lincoln -ése sí que podía ponerle un tapón con su 1,93-, McCain apura su subida al ring peleando con su sombra. Eso sí, sin golpes bajos. "Probablemente haya más reglas estrictas en el boxeo que en la política". Lo dice McCain, nosotros callamos.

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