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Sebastián Castella: el Rocky de los ruedos

"Mis ídolos fueron Manolete, Antonio Ordóñez y Manuel Benítez, El Cordobés". Sebastián Castella, nacido en Beziers (Francia), hecho torero en Sevilla, es pura sorpresa. Su preparación física es la de un boxeador. Nos recibió en su cuartel general a mi casi compadre Delmás y a mí.

<b>POR LA DEHESA DE TABLADA. </b>Castella se entrena corriendo al lado del río Guadalquivir mientras piensa en retos más duros: vérselas con toros escalofriantes.
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Manolete? ¡Pero si usted no le vio torear! "He visto las películas que se conservan sobre el resto me lo imagino".

El resto es el toreo de verdad. "Eso, el toreo de verdad", dice este matador singular que acabando septiembre se convirtió en el primero entre los franceses en lidiar seis toros, él solo. Bueno: al final fueron siete, que el sexto no tuvo un pase y no quiso despedirse con mal sabor de boca. Acertó: a aquel sobrero le cortó las dos orejas y el rabo. Fue en la colosal Arena de Nimes, que se llenó hasta la bandera. Entrando el verano, un buen aficionado de Barcelona me dijo: "Resérvate el 20 de septiembre para ir a Nimes; lo de Sebastián va a ser más que una corrida; la lucha de un atleta contra otro, el torero y el toro. La última prueba de los Juegos Olímpicos".

¿Y cómo prepara un torero un mano a mano ante seis camiones de casi 600 kilos? Recordarán la primera película de Rocky Balboa, claro. Aquellos madrugones del boxeador, aquellas carreras interminables por las calles de una ciudad desierta, que se desperezaba con la llegada de un nuevo día. El esfuerzo. El sacrificio. La voluntad de ganar. Como Sebastián.

"Sí, el deportista más parecido a un torero es el boxeador", admite Castella, cuyo apoderado, Luis Manuel Lozano, hizo sus pinitos entre las doce cuerdas. Su preparación tiene lugar en Sevilla. "Sobre todo en invierno y más si no hago las Américas", apostilla. Sebastián tiene una nave-gimnasio-cuartel general donde se pone a punto: "Lo más importante es la elasticidad, hay que ser fuerte, elástico, flexible. Para moverte delante del toro y para que la recuperación sea más rápida cuando alguno te coja que te acabará cogiendo". Las imágenes de la Macarena y de la Virgen de Fátima les acompañan siempre: "Son buenas amigas". En un rincón de una cafetería de Sevilla, Castella, el torero-boxeador, explica sus emociones. En ocho años de alternativa ha recibido 18 cornadas. Excepto en una (en un costado que le averió varias costillas), tardó un suspiro en reaparecer. "La elasticidad de que le hablaba. Vi Rocky, claro, y me sentí identificado con él. Su preparación tiene mucho que ver con la m es una lucha en solitario para pelear después también en solitario".

No madruga tanto como Rocky, pero casi. "Sobre las ocho de la mañana salgo a correr; camino y corro durante tres horas", explica. Chándal, gorro, ritmo in crescendo. Como Rocky. ¿También como un fondista? "También. El desgaste físico de una corrida con seis toros para ti puede ser perfectamente el de un atleta en un 5.000, sin contar el desgaste síquico, las toneladas de atención que se acumulan un toro tras otro. Yo entiendo a los deportistas cuando dicen que las piernas quieren, pero la cabeza no. O al revés". Carrera por la mañana y luego mucho toreo de salón. "Otra vez el boxeo: torear de salón, tú contra un toro imaginario, es comparable al púgil que hace sombra, ¡pim-pam!, contra un rival que se le escapa continuamente y al que persigue y persigue. Rivales y también amigos en ambos casos".

Torero y toro, dos amigos para Sebastián Castella. "Claro. Yo dependo de él y cuando logramos entendernos, unirnos en el mismo espacio, es cuando surge el arte, imparable. ¿Qué es el boxeo sino el arte de pegar sin que te peguen? Eso es el toreo también". Boxeador, fondista. "Carrera, salto, flexiones, idas y venidas" con un objetivo único: "Llegar a la gente; habrá toreros mejores o peores, cuando es de verdad es cuando llega a la gente. Y para llegar hay que torear al límite del riesgo, de la verdad".

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Fueron siete toros para sus 65 kilos de peso. "Buscando la perfección, que tanto cuesta. Más que cansado, que también, acabé sin hambre y me costó mucho dormir; imagino que como a los grandes boxeadores cuando disputan un título del mundo". Castella disfruta viendo a Morante de la Puebla y a José Tomás, entre otros colegas. Tomás es del Atlético de Madrid y Castella, del Sevilla y del Olympique de Marsella, que esta noche se encontrarán en el Manzanares. "Del fútbol lo que me pregunto muchas veces es ¿tanto duele una patada?".

Hoy las habrá, esperamos que a la pelota la mayoría. "Yo quiero que se clasifiquen los dos, el Atlético y el Olympique, mi equipo en Francia. Lo tenemos peor después de la derrota con el Liverpool la primera jornada, pero no se escribió nunca nada de cobardes". El sevillismo le entró en la sangre hace tiempo. Con diez años descubrió la Giralda (y La Maestranza) por José Antonio Campuzano, su gran mentor. "Toda mi cuadrilla es sevillista y se me contagió". Pero como buen artista y buen francés de cuna, a Sebastián Castella le pone Zidane. "Este, si hubiese nacido torero, habría sido otro Manolete".

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