Europa pelea antes de la batalla final contra EE UU
Jiménez igualó su partido y García jugaba tocado el suyo
Mientras, en Las Ventas, Estados Unidos interpretaba la heroica en los dobles para no morir en la Copa Davis de tenis, al otro lado del Atlántico, en el Valhalla de Kentucky, Europa resistía el ataque del Séptimo de Caballería y se atrincheraba a la espera de que hoy, en la jornada decisiva, la batalla por la Ryder Cup de golf le dé una cuarta corona consecutiva.
La Ryder es muy larga y cambiante, como el viento. Si la primera doble jornada había sido un ¡hurra! para los yanquis de Paul Azinger, la sesión matinal de ayer se pintó con la bandera azul y estrellada de la Unión Europea. Y la tarde prometía. Los foursomes (golpes alternos) cambiaron de mano y, del 5,5 a 2,5 con que se había cerrado el viernes, se pasó a un 7-5 mucho más llevadero para Nick Faldo y Chema Olazábal, cuya elección de parejas había sido duramente criticada en el Viejo Continente.
Cuando se anunciaron las que debían salir la segunda jornada, sorprendió la ausencia de Sergio García. Pero lo que parecía un castigo de los capitanes era, en realidad, precaución: el castellonense venía de ser tratado con antibióticos. "Durante la comida se encontró mal. Necesitaba descanso", explicó Faldo. Sergio saldría por la tarde.
Medio punto. Incluso sin su líder espiritual, las cuatro parejas europeas capearon el huracán de las barras y estrellas con un parcial de dos victorias, un empate y una derrota. Hubo presencia hispana con Miguel Ángel Jiménez. Junto al norirlandés Graeme McDowell, arañó medio punto muy valioso para sumar a los triunfos de los ingleses Poulter y Rose, que voltearon a Cink y Campbell. Con todo, el punto europeo más vitoreado fue el de Wilson y Stenson, que de estar 4 abajo en el hoyo seis, fueron capaces de batir, en el hoyo 17, a los hasta entonces invictos Mickelson y Kim.
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La sesión vespertina no empezó bien para Europa, pero conforme avanzaron los fourballs (cada uno con su bola), los marcadores se estaban equilibrando.
Al cierre de esta edición, acabase como acabase el día, ni EE UU ni Europa tenían suficiente ventaja como para partir claros favoritos en la gran batalla final del domingo: el uno contra uno. Doce jugadores por cada bando, en combate singular, a por la victoria final.