Yo digo Feliciano Mayoral

En busca de una tregua sagrada

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En los Juegos Olímpicos de la Antigüedad, el rey Eleo Icíto, en el año 884 a. C. firmó un pacto o tregua con el rey espartano Licurgo según el cuál Olimpia era declarado lugar sagrado. Al pacificador acuerdo se le conoció con el nombre ekecheria, cuyo significado gramatical era detener las manos, suspender las hostilidades, interrumpir la guerra, acordar la tregua y establecer la paz.

Por desgracia para el Movimiento Olímpico Internacional esta tregua ha sido violada ininterrumpidamente. Ya sea por espartanos, elios o tisátidos, hasta las guerras más recientes de nuestra época. Las guerras, los boicots y últimamente el dopaje son las tres grandes lacras que más daño hacen al olimpismo. El COI lo sabe y para remediarlo lucha en colaboración necesaria con los gobiernos. Creó la Agencia Mundial Antidopaje y hay resoluciones de la ONU a favor de la tregua olímpica. Hay que seguir luchando para que, como ocurrió en Pekín, toda la familia olímpica, 205 comités nacionales, desfilen juntos. El gran éxito para el deporte sería que el COI en colaboración con la ONU haga respetar la ekecheria. Sería tan hermoso como ver a una atleta georgiana abrazada a una rusa. Ese es el espíritu olímpico.

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