Pekín 2008 | Balonmano | España 30 - Polonia 29

Fabulosa remontada

Hombrados y la chispa de Rocas aparecen al rescate

El equipo español celebra su triunfo
Jesús Mínguez
Nació en Guadalajara en 1973. Licenciado en Periodismo por la Complutense. En AS desde el año 2000, es redactor jefe de Más Deporte. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos y unos Paralímpicos, Grand Slams de tenis, Davis, Laureus, candidaturas olímpicas, política, dopaje o grandes combates de boxeo. Le gusta escribir de deporte y también practicarlo.
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Ante el balonmano total que el mago Bogdan Wenta, ex jugador del Bidasoa Irún y del Barça, ha inculcado a Polonia, se impuso la casta de España. El amor propio de quien ha sido campeón mundial llevó a remontar lo que se antojaba un abismo de cinco goles a falta de 13 minutos, para reventar a un gran equipo en la recta final, a base de las paradas vitales de Hombrados y la chispeante velocidad de Rocas, que volvió a ser esa ametralladora incansable que dispara a velocidad de crucero pero con muñeca de seda.

Pastor lanzó a Davis de adelantado para incordiar al cerebro polaco, Grzegorz Tkaczyk, y dificultar los obuses de una primera línea poderosísima en la que alternaban Krzysztof y Marcin Lijewski y la gran torre (2,02 metros) de Karol Bielecki. También dispuso al zurdo Malmagro en el lateral, toque de frescura que se agradece en una Selección demasiado previsible a veces.

El partido discurrió a tirones, debido a los fallos en ataque de España que ofrecía preciosos balones para fustigar a Hombrados. Al descanso, 17-16 para Polonia con la sensación de que podían dejarnos malparados con dos derrotas que complicarían un tanto el grupo porque obligarían a los de Pastor a jugar a cara de perro el resto de los choques.

Los fallos propios al definir en la portería de Szmal y un agujero en la defensa en la zona de Romero, al banquillo para dar el mando a los hermanos Entrerríos, alejaron a los de Wenta (min. 47).

El salvador.

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En esta situación de máximo abogio, con España rezagada y de camino a la derrota, una parada de Joseja Hombrados con la cara, un brutal golpe, parecía haber descompuesto definitivamente a todos los nuestros. Mas tras el KO inicial, el portero madrileño del Ciudad Real se calentó y fue como una araña que tejió una tela impermiable en su portería

Rocas, de quien fueron cinco de los últimos siete goles de España, sacó el orgullo: 30-29. Y, entonces, España (Malmagro) falló la puntilla a quince segundos, y Polonia disponía para empatar de un golpe franco a tres segundos del límite. El balón le llegó a Marcin Lijewski y lo envenenó. Pero ahí estaba el pie de Hombrados. El pie que casi mete a España en cuartos de final. El pie de un porterazo.

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