Fabulosa remontada
Hombrados y la chispa de Rocas aparecen al rescate


Ante el balonmano total que el mago Bogdan Wenta, ex jugador del Bidasoa Irún y del Barça, ha inculcado a Polonia, se impuso la casta de España. El amor propio de quien ha sido campeón mundial llevó a remontar lo que se antojaba un abismo de cinco goles a falta de 13 minutos, para reventar a un gran equipo en la recta final, a base de las paradas vitales de Hombrados y la chispeante velocidad de Rocas, que volvió a ser esa ametralladora incansable que dispara a velocidad de crucero pero con muñeca de seda.
Pastor lanzó a Davis de adelantado para incordiar al cerebro polaco, Grzegorz Tkaczyk, y dificultar los obuses de una primera línea poderosísima en la que alternaban Krzysztof y Marcin Lijewski y la gran torre (2,02 metros) de Karol Bielecki. También dispuso al zurdo Malmagro en el lateral, toque de frescura que se agradece en una Selección demasiado previsible a veces.
El partido discurrió a tirones, debido a los fallos en ataque de España que ofrecía preciosos balones para fustigar a Hombrados. Al descanso, 17-16 para Polonia con la sensación de que podían dejarnos malparados con dos derrotas que complicarían un tanto el grupo porque obligarían a los de Pastor a jugar a cara de perro el resto de los choques.
Los fallos propios al definir en la portería de Szmal y un agujero en la defensa en la zona de Romero, al banquillo para dar el mando a los hermanos Entrerríos, alejaron a los de Wenta (min. 47).
El salvador.
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En esta situación de máximo abogio, con España rezagada y de camino a la derrota, una parada de Joseja Hombrados con la cara, un brutal golpe, parecía haber descompuesto definitivamente a todos los nuestros. Mas tras el KO inicial, el portero madrileño del Ciudad Real se calentó y fue como una araña que tejió una tela impermiable en su portería
Rocas, de quien fueron cinco de los últimos siete goles de España, sacó el orgullo: 30-29. Y, entonces, España (Malmagro) falló la puntilla a quince segundos, y Polonia disponía para empatar de un golpe franco a tres segundos del límite. El balón le llegó a Marcin Lijewski y lo envenenó. Pero ahí estaba el pie de Hombrados. El pie que casi mete a España en cuartos de final. El pie de un porterazo.