Pekín 2008 | Esgrima

Abajo da la primera medalla a la esgrima

Logró bronce en la modalidad de espada

Héctor Martínez
Subdirector de AS
Nació en Madrid en 1969. Licenciado en Ciencias de la Información (Periodismo) por la Universidad San Pablo CEU. Entró en el Diario AS en 1991. Hasta 2017 ejerció como redactor en las secciones de Baloncesto, Cierre, Más Deporte, Fútbol y Motor. En 2016 es nombrado redactor jefe de la sección de Motor. Desde 2017 es subdirector del diario.
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Este 2008 se está revelando apabullantemente brillante, espectacular en todo lo que envuelve y depara nuestro deporte. A gestas del pasado, recientísimo pasado, como giros, tours o eurocopas, unimos desde ayer una medalla olímpica en esgrima, algo que no había sucedido en la historia. El logro tiene nombre y apellidos: José Luis Abajo Gómez.

Pero junto a él hay una niña, Araceli Navarro, que ayer le aplaudía como el que más pese a su brazo en cabestrillo, y compañeros/amigos como Jorge Pina, Jaime Martí y Javier Menéndez cuyo debut llega en unas horas. Es decir, un equipo.

Abajo debe celebrar su medalla de bronce como si fuera de oro. La esgrima entra de lleno en el deporte español, al que hay que ir buscando un palmarés dos tallas más grande.

Desde las 12:00 del mediodía vivimos (disfrutamos) junto a José Luis lo que entonces él definía como "solamente un sueño". Su primer duelo, contra el coreano Kim Won Jin, se resolvió por un solo tocado (15-14). Vivimos emociones fuertes desde la hora del aperitivo hasta la noche pequinesa.

Luego aguardaba Jerome Jeannet, que pisaba la pista con el paso firme de saberse número 2 del ránking FIE. Pero tocaba dar vuelta del revés a esa lista. Abajo batió al francés (15-8) con su mejor esgrima del día. El madrileño se aseguraba el diploma.

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Diego Confalonieri también cayó (14-13) y tuvo que ser otro italiano, Matteo Tagliariol, quien saliera al encuentro de Abajo en su lucha por entrar en la final. Lamentablemente, el azzurro fue mejor y condenó al español a la lucha por el bronce, ese reto agridulce. Con los ojos rojos, José Luis reconocía haber tirado muy mal. Intentaría reponerse para el asalto con el húngaro Boczko, el mismo que le había "caneado" (son palabras de Abajo, no mías) en más de una ocasión.

Pero esta vez el tocado en la muerte súbita se iluminó en verde, el color que identificaba ayer a José Luis en los marcadores. El mismo color que da vía libre al deporte español. Día 2, Medalla 2. Sigamos.

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