Teófilo Stevenson

"Un combate entre Ali y yo hubiera acabado en tablas"

El boxeador Teófilo Stevenson sumó tres oros olímpicos en pesos pesados entre 1972 y 1980. Rechazó todas las ofertas para hacerse profesional, se convirtió en mito de la revolución de Cuba y en Pekín se ha confesado con AS.

Teófilo Stevenson
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

¿Hace mucho que no ve a su gran amigo Muhammad Ali? ¿Quién era mejor? ¿Teo Stevenson o Muhammad?

Hace tres años que no hablo con Muhammad. Ya sabe que tiene esos problemas con el Parkinson. Pero sí que es mi amigo. Somos casi hermanos. Estuvo dos veces en Cuba, y me visitó en mi casa. Anduvimos muy cerca de enfrentarnos entre 1976 y 1979, pero al final no se pudo cerrar, porque las ofertas no le convenían a Cuba.

¿Cómo hubiera acabado un combate Ali-Stevenson?

Hubiéramos hecho tablas.

(Si alguien en este mundo luce físicamente como el mejor Ali, ése es Teófilo Stevenson, que, a los 56 años, apenas alberga un gramo de grasa en un cuerpo perfectamente diseñado para el boxeo: 1,90, 105 kilogramos y apenas un rastro en su cara de los 170 combates que disputó).

Cuando veía los combates de Ali, Frazier y Foreman, ¿no le entraban ganas de dejarlo todo para ir a medirse con ellos?

Claro que me hubiera gustado pelear con ellos, pero no pudo ser. Aunque me prepararon siempre para eso, tenían que haberse dado unas condiciones que no se dieron. Lo que yo sé es que, después de todos estos años, la gente me respeta y me quiere mucho, dentro de Cuba y fuera de Cuba.

Usted ha sido el más grande entre los boxeadores olímpicos. ¿Y Ali ha sido el más grande de todos los tiempos?

Eso de que yo fui el más grande lo dice usted. Savón también logró tres oros olímpicos. Sí puede ser que Ali haya sido el mejor entre los profesionales, pero no se olvide de Joe Louis. Le he visto en películas. Era una maravilla.

(Stevenson, Savón y el húngaro Laszlo Papp son los únicos boxeadores que han conseguido lograr tres títulos olímpicos).

¿Ha cambiado el boxeo desde entonces hasta ahora? ¿Qué hubiera hecho usted en estos tiempos?

El boxeo está muy bien. Hay grandes atletas. Las tácticas sí han cambiado, pero el secreto sigue siendo el mismo: entrenar y trabajar como siempre hemos entrenado en los gimnasios de Cuba. Con el nombre no se gana. En los Juegos de Múnich, en 1972, nadie creía en nosotros, los cubanos: no teníamos nombre ni experiencia, pero allí llegamos Emilio Correa, Orlandito (Martínez) y yo, y los tres ganamos el oro. Trabajando como se trabaja en Cuba, el nivel está garantizado pese a los traidores. Me siento orgulloso.

Traiciones siempre ha habido

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(Stevenson se emociona). Sí que ha habido muchas traiciones: muchas. Pero, cuantas más traiciones hemos tenido contra Cuba, más medallas hemos salido ganando después en los Juegos Panamericanos o en los mismos Juegos Olímpicos. Ni los traidores han podido con nuestro sistema, y eso quiere decir que hacemos lo que hay que hacer.  Cuba supera todas las traiciones. Yo le digo que mi sucesor ya se entrena en un gimnasio de Cuba. No sé quién es, pero seguro que ya se está entrenando.

(Stevenson, al borde del llanto, se deja retratar en la Villa Olímpica junto a tres jugadoras cubanas de voleibol, que apenas se lo creen: posan junto a un mito huidizo y tímido que siempre rehuyó a la prensa occidental y al sistema capitalista. "Tremenda foto", se vitorean las tremendas mulatas. Cuando se giran, Teófilo Stevenson, el gigante tímido, emblema de la revolución castrista, ya ha desaparecido tras una loma junto a sus viejos amigos: Tomás Herrera y Ana Fidelia Quirot: de algún modo, el carisma y la sombra de Muhammad Ali han planeado sobre la Villa Olímpica de Pekín).

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