Pekín 2008 | Protestas

Cuatro occidentales desafían la seguridad de los Juegos

Dos ingleses y dos norteamericanos colocaron dos pancartas en favor del Tíbet en unas torres junto al Nido al tiempo que llegaba la antorcha a Pekín Dos de ellos fueron puestos en un avión en pocas horas

Pancarta colocada junto al Nido
Jesús Mínguez
Nació en Guadalajara en 1973. Licenciado en Periodismo por la Complutense. En AS desde el año 2000, es redactor jefe de Más Deporte. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos y unos Paralímpicos, Grand Slams de tenis, Davis, Laureus, candidaturas olímpicas, política, dopaje o grandes combates de boxeo. Le gusta escribir de deporte y también practicarlo.
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Yan Liwei, el primer astronauta chino, fue el encargado de dar ayer la bienvenida a Pekín a la antorcha más vapuleada de la historia de los Juegos: los de la XXIX Olimpiada. A las 08:00 horas -no podía ser otra distinta, ya que el ocho es el número de la suerte chino- el hombre que vino del espacio, como en una metáfora de futuro, depositó la llama sagrada en la Ciudad Prohibida, ese reducto imperial cercado por grúas y edificios de acero y hormigón (todos llevan el apéndice Tower) con firmas tan poco chinas como las de Norman Foster, Herzog&DeMeuron o Koolhas.

A la misma hora, cuatro activistas de la organización Estudiantes por un Tíbet Libre (dos británicos y dos estadounidenses) consiguieron colgar dos pancartas en unos postes de electricidad cercanos al vigilado Nido, el Estadio Nacional, con el lema "Tíbet libre" en inglés y en chino. Las protestas al paso de la antorcha contra el Gobierno de Hu Jintao no cesaron ni en Pekín. El aparato disuasorio de militares marcialmente formados cada pocos metros no funcionó para evitar el incidente.

En el espacio de unas pocas horas, China ordenó la expulsión, "dentro de un límite de tiempo prescrito", de los cuatro activistas extranjeros implicados en el percance. De esta forma, según publicó la agencia oficial Xinhua, dos de ellos dejaron el país en avión ayer por la noche, mientras que los otros dos lo harán hoy por la mañana.

Para Kate Woznow, la directora de la campaña olímpica de Estudiantes por un Tíbet Libre, la acción de protesta fue un éxito porque sus pupilos están "muy comprometidos" con la causa: "Fue una respuesta totalmente pacífica con la que queremos demostrar que el Gobierno chino trata de silenciar el sufrimiento de la gente que vive en el Tíbet".

Ajenos a todo.

Pese a la repercusión mundial de este accidente, el pueblo chino caminaba ajeno a todo. Marchaba feliz por las avenidas que confluyen en Tiananmen, la plaza donde en junio de 1989 hubo una violenta represión. Con viseras rojas de Coca Cola, con paipays del gigante de las telecomunicaciones Lenovo. Con cortes de pelo occidentales y cabellos cardados artificialmente. Con el fervor que daban las banderas revolucionarias distribuidas eficazmente por todas partes. "Creo que los Juegos van a ayudar al desarrollo de China, que ha estado demasiado cerrada al exterior. Esto es una oportunidad para que el mundo entero nos vea de otra manera", contaba Weng Jianming, un estudiante de la Universidad de Pekín. Se le pudo preguntar. Cosa que iba a estar vetada a la prensa extranjera, a la que en un primer momento se le prohibió el martes por decreto realizar entrevistas o filmar, sin previa petición, en la emblemática plaza. Ayer, siempre con la acreditación por delante, todo eran facilidades.

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Relevo NBA.

Yao Ming, la torre deportiva de unos Juegos en los que China aspira a superar con 639 deportistas los 32 oros de los Juegos de Atenas del 2004 que le dejaron por detrás de EE UU en el medallero, fue el encargado de sacar la antorcha por la puerta de la Ciudad Prohibida, bajo la efigie de Mao. La televisión china CCTV ofrecía planos cortos, no sea que a alguien se le ocurriera intentar entrar sin permiso en el campo de visión. Tiananmen estuvo blindada durante el acto: los fervorosos fans tenían demasiado tufillo oficial. 431 relevistas después, la llama llegó al Templo del Cielo, donde durmió anoche mientras los miembros del COI (Comité Olímpico Internacional) discuten estos días sobre la conveniencia de mantener en años venideros el recorrido, que fue politizado en Francia y en otros países. La seguridad se extrema, como se vio durante el recorrido, donde miles de voluntarios ordenaban el cotarro y miles de policías vigilaban todo. Mañana quedarán inaugurados los Juegos. Pekín ya tiene su antorcha, que llegó a ser apagada por las protestas. El pueblo espera ahora a Yao Ming, a Liu Xiang, a Wei Yang. Su fiesta popular.

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