Maider Unda: la granjera va a por medalla en Pekín
La alavesa es la primera española que se clasificó en lucha

Olaeta es un enclave perdido en la provincia de Álava al pie de montes de postal que conforman la puerta sur de Vizcaya. Allí, en las faldas de los montes Anboto y Arangio, una hormiguita con cuerpo de gladiador corretea cada día en busca de un sueño. Es Maider Unda, la primera española en clasificarse para unos Juegos Olímpicos en lucha (la delegación la han completado después Teresa Méndez y Francisco Sánchez).
Maider, de 31 años, compagina desde pequeña su pasión por el deporte con las obligaciones del campo: junto a la casa de piedra familiar se encuentra un establo con trescientas ovejas y un puñado de gallinas y conejos. También tienen una vaca, y treinta caballos en estado salvaje.
-Es una campeona. Cuando el valle duerme, ella ya ha atendido a sus animales, ha corrido para arriba y para abajo y se ha puesto a hacer los quesos.
Al paisano, apoyado en la barra del restaurante Goikoetxea, colindante con la casa de Maider, se le iluminan los ojos al hablar de su vecina.
Quesos. Maider se ha levantado todo el año a las seis de la mañana. Ahí empieza una jornada frenética con sus padres, Lucio y María Luisa, y su hermano, Jon, a los que se suma su hermana, Igone, que vive en una casa adyacente. Su misión: fabricar unos quesos exquisitos.
A la lucha llegó por Félix Oreitia, juez de la Federación, que vino a dar clases de gimnasia al pueblo. "Nos apuntamos sesenta, entre ellos el futbolista del Athletic Koikili y sus dos hermanos, y acabamos saliendo seis campeones de España", rememora. "Yo en Pekín no me conformo con estar. Voy para sacar medalla", apostilla Unda, quinta en el último Mundial de Bakú.
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Un coro de balidos se escucha de fondo mientras Maider explica su trabajo. Limpia los pesebres, desayuna, se pega un paseo kilométrico en busca de sus caballos, atiende las gallinas y los conejos, saca a pastar a las ovejas, hace las tareas de la casa.... y por fin ultima los preparativos para el nuevo pabellón que quiere construir para recoger a todo este Arca de Noé. "A las once y media hago pesas y corro -prosigue-. Estoy una horita. El asfalto me mata, prefiero las cuestas y variar de recorrido". Tres días por la tarde trabaja sobre el tapiz, en Vitoria.
A la una, la heroína de Olate está rendida. Se sienta a comer y poco después vuelve a alimentar a las ovejas. Si ha nacido algún cordero, le adjunta la chapita identificativa. Horas más tarde, Unda regresa a casa agotada para cenar y descansar en su cama junto a uno de los anhelos cumplidos: ir a unos Juegos. Una luchadora en esencia.