Dubai Cup: lujo, contraste y cuatro millones al ganador
'Curlin' se llevó la carrera mejor dotada en premios del mundo

Sentado en el palco de la suite real del hipódromo de Nad Al Sheba, que es abatible en dirección al hipódromo, el emir de Dubai, Mohammed bin Rashid Al Maktoum, presenció el sábado con admiración cómo el jockey estadounidense Robby Albarado condujo a Curlin a la victoria en la Dubai World Cup, una carrera de 2.000 metros, sobre tierra, que se comenzó a disputar en 1996.
Un jinete prodigioso sobre un caballo de tres años que, dicen, es el mejor del mundo en estos momentos. El mejor jinete, el mejor caballo y la carrera más rica. Combinación perfecta. Por cierto, un caballo español, Doctor Dino, fue tercero en la Dubai Sheema Classic.
Curlin y Albarado se llevaron una recompensa de seis millones de dólares, unos cuatro millones de euros. El mayor premio que se concede en el mundo en una competición hípica. Una fortuna que es una menudencia para el emir de Dubai, uno de los hombres más ricos del mundo, cuyas arcas se nutren del cada vez más caro petróleo.
Está encaprichado de los caballos, de los que tiene más de 1.500 repartidos por cuadras de medio mundo, algunos valorados en diez millones de euros. Con ellos ha ganado en las competiciones más importantes del mundo.
El príncipe reinante de Dubai estuvo acompañado en el hipódromo por sus dos esposas principales: Hind bint Maktoum bin Juma Al Maktoum (la primera) y Haya bint Al-Hussein (la segunda). Y también por algunos de sus hijos, entre los que hay expertos jinetes y hasta una chica, llamada Maitha, que es campeona de karate. En la pelousse y en las gradas, una curiosa mezcla de oriente y occidente, con mujeres árabes que sólo dejaban ver la cara y las manos, y occidentales de atrevida minifalda.
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La noche antes el emir recibió a sus invitados en el hotel Burj Al Arab (Torre de los Árabes), que mide 320 metros. Es el único del mundo catalogado con siete estrellas y está construido en una isla artificial situada a 270 metros de la costa de Dubai. La cena fue digna de las Mil y una Noches. Y es que en el emirato y en la World Cup todo es lujo y ostentación.
El hipódromo, con capacidad para 40.000 personas, se empezó a construir en 1992 y se terminó en 2001. Su grada principal, la Millenium Grandstand, es una joya de la vanguardia arquitectónica. Al contrario de lo que sucede en las grandes carreras europeas y estadounideses, en Dubai está prohibido apostar. Lo impide la religión musulmana. Pero quien quiere hacerlo, lo hace. A través de internet, claro.
