La llama se prende entre protestas tibetanas
Tres activistas de 'Reporteros sin Fronteras' burlaron la seguridad

Se prendió la antorcha en Olimpia y arde China en el Tíbet. Por primera vez en la historia, la ceremonia de encendido de la llama olímpica en las ruinas de Olimpia se convirtió en un acto decididamente político: activistas tibetanos mostraron su protesta por la represión china de su país, en un ambiente en el que comienza a no ser extraña la palabra "boicot". Hablaba Lui Qi, presidente del Comité Organizador de los Juegos, cuando tres activistas interrumpieron el acto y uno de ellos consiguió colocarse en un lugar en el que las cámaras de televisión captaron su imagen desplegando una pancarta negra con los anillos olímpicos en forma de esposas. Fueron desalojados en el acto. Reporteros sin Fronteras se atribuyó la responsabilidad. La organización periodística lleva mucho tiempo denunciando la situación de los derechos humanos en China, mucho antes de que estallase en su fase actual el conflicto tibetano. Lui Qi siguió impasible en su disertación oficial: "La llama olímpica va a llevar luz y alegría, paz y amistad, además de esperanza y sueños al pueblo de China y a todo el mundo".
Las medidas de seguridad griegas eran presumiblemente de hierro, pero finalmente se mostraron de mantequilla, porque no pudieron impedir lo que se preveía. Un activista tibetano conocido como Terzin Donjee y un fotógrafo griego llamado Mijalis Sourlis fueron detenidos, y éste denunció haber sido maltratado.
El médico belga Jacques Rogge, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), dijo que "no hay momentum para un boicot" a los Juegos de Pekín y agregó que "la mayoría de los líderes políticos no desean el boicot a los Juegos y así lo han dicho George Bush, Nicolas Sarkozy o Gordon Brown, entre otros", en alusión a los dirigentes de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña.
La ceremonia.
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Si no ardiera el Tíbet, si no hubiera una contaminación peligrosa, si los derechos humanos no estuvieran amenazados, si los periodistas que van a acudir a los Juegos no vieran su libertad de expresión amenazada, habría que contar que veintidós vestales ataviadas de blanco impoluto, encabezados por la actriz Maria Nafpliootu, protagonizaron la ceremonia en la que se dio fuego del sol, a través de un espejo cóncavo, a la antorcha que llevará la llama olímpica desde la antigua Olimpia al Estadio Olímpico de Pekín. "Dios del sol y del ideal de luz, envía tus rayos y enciende la llama sagrada para la ciudad hospitalaria de Pekín", dijo la representante de la diosa Hera.
Después, Alexandros Nikolaidis, plata en taekwondo en Atenas 2004, inició el camino desde Olimpia a Pekín. Unos 137.000 kilómetros que atravesarán el Himalaya, con el Tíbet como sombra alargada sobre las montañas más altas de la Tierra. Y sobre los propios Juegos Olímpicos de la XXIV Olimpiada de la Era Moderna.
