Ciclismo | Actualidad

Slipstream: un equipo limpio con sede en Girona

Gastarán medio millón de euros en autocontroles de dopaje

<b>SONRISAS Y UN GIGANTE. </b>El Slipstream ha empezado la temporada a tope. Una de sus estrellas es Magnus Backstedt, gigante y campeón sueco (segundo por la derecha).
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Slipstream significa rebufo en inglés. No anuncia nada, ni siquiera necesita de un patrocinador potente (sólo Chipotle, una cadena de restaurantes de comida mexicana se publicita en el maillot) para que su valor a nivel mediático sea inmenso. Este grupo ciclista es el clean team del pelotón internacional, el equipo que se proclama "limpio de dopaje" y que tiene como jefe de filas a David Millar, sancionado en su día por confesar haber tomado EPO, y que ahora quiere dar ejemplo tras su oscuro pasado. "Esa es la filosofía que buscamos en el pelotón", dice Cristian Prudhomme, director del Tour de Francia, carrera en la que tienen muchas opciones de participar tras ser seleccionados para la París-Niza, junto a los 17 grupos ProTour que ya tienen plaza fija en el Tour.

Son americanos y residentes en Girona. Sí. El ex ciclista Jonathan Vaughters tuvo la iniciativa de crear en 2006 una formación diferente, regentada como un club de fútbol y no como una constelación de estrellas repartidas por medio mundo. Una vez retirado, Vaugh­ters reconoció haber hecho "cosas mal" durante su época como corredor. Jamás dio positivo. Por este motivo, Slipstream concentra al 90 por ciento de sus ciclistas en Girona con la misión de tenerlos controlados a todos. Cerca.

Vaughters ya trabaja desde hace meses con el pasaporte biológico que ha impuesto la Unión Ciclista Internacional. Son los análisis con biomarcadores derivados de los análisis de sangre y orina que marcan el currículo del organismo de cada ciclista. Cualquier alteración delataría al tramposo.

Millonario neoyorquino. El Slisptream va a invertir medio millón de euros para llevar este control, que según The New York Times: "Es el programa antidoping más estricto del deporte profesional". Además, ha hecho un un estudio de los antecedentes familiares de cada uno de los corredores para prevenir futuros escándalos.

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Esta era condición sine qua non para que Jonathan Vaugh­ters y su gente pudieran encontrar el respaldo económico de Doug Ellis, un banquero neoyorquino multimillonario que sólo sueña con un "ciclismo limpio". No quiere ver positivos en sus dólares. "Ellis apareció el día de la presentación. Está loco por este proyecto como lo estamos todos", dice Joan Linares, el mecánico gerundense de la formación.

David Millar salió rebotado del Saunier Duval. "Somos diferentes y tenemos un proyecto interesante. Queremos marcar un antes y un después en la historia de nuestro deporte. El dinero no es problema. Lo nuestro es una cuestión de moral", asegura el ciclista británico, aún dolido por la mala experiencia del caso de su ex compañero Iban Mayo. "Nos engañó a todos. A mí el primero porque me vacié en su favor durante el Tour de Francia".

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