Djokovic pisa las mismas cimas de Nadal y Federer
'Nole' consiguió frenar la pegada del francés Tsonga


Frenar la pegada mestiza y elástica de Jo-Wilfried Tsonga había sido Mission: Impossible para Nadal, Murray y Gasquet. Pero Novak, Nole Djokovic lo hizo con la iniciativa y la mano de los superclases serbios y la madurez de un joven maestro.
No fue exactamente coser y cantar, pero baste un dato: en todo el torneo, Tsonga se había dejado dos sets: ante Murray y Gasquet. Ya se vio lo que hizo con Nadal. En un solo partido, la final tenía que ser, Djokovic arrebató tres mangas al franco-congoleño clon de Ali.
Y en esos tres sets voló el primer Grand Slam que aterriza en Serbia. Djokovic, Tipsarevic, Ana Ivanovic y Jelena Jankovic ya colaboran en la construcción de un nuevo gran estadio de tenis en Belgrado. Aunque Djokovic quiere uno para sí mismo. Por iniciativa no será, claro que no.
Ante una fuerza de la Naturaleza como es el gigante de Le Mans, presunto nuevo Muhammad, hay que operar... precisamente con la destreza psicológica que manejó en Kinshasa ante George Foreman aquel Muhammad Ali, ya veterano. En Kinshasa, Ali se recostaba en las cuerdas del ring del Stadium 20 de Mayo, cuerdas aflojadas por el sabio Angelo Dundee, para, una vez reducido el castigo, emerger de allí con golpes centelleantes. Se llamaba el Rope a Dope. Más o menos: "Treta en las Cuerdas". Como entonces Ali, Djokovic fue el que controló la situación en el Rod Laver Arena.
Djokovic tiene la destreza competitiva de los superclases deportivos de la ex Yugoslavia. No daremos nombres: la lista sería interminable. Ante un alud de potencia como Tsonga, la generalidad escoge ponerse a cubierto, reduciendo riesgos, conservando estrategias y acortando tiros: la fórmula ideal para que te saquen de la pista. Espoleado por toda su camada de lobos, con sus hermanos pequeños Marko y Djordje a pie de palco, Nole Djokovic trazó la fórmula mágica: gobernar el fuego graneado de Tsonga con tiros de precisión a las líneas y saques cruciales que arreglaban un momento difícil tras otro.
Presa.
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Así, la clase de Nole hacía vibrar a su hermanillo Djordje. La imagen de Djordje va en la pantalla del teléfono móvil de Nole. En esa vibración precisa, la pegada de Tsonga perdía más y más punch. Destapadas las vías de agua en su endeble sistema de construcción de puntos, el ogro ágil mutó en presa frágil: cuando alguien le hace lo que Djokovic, claro. El cazador y el agresor fue el serbio. Y la presa, el joven Jo-Wilfried, cuyo padre, Didier, se fotografió en esas cuerdas milagrosas del ring de Kinshasa.
Después, Djokovic lo celebró como lo celebra un serbio. Sólo Federer ha hecho lo que el flamante campeón de Australia: pisar las cuatro semifinales en los cuatro últimos Grand Slams. En esa estadística de cumbres, Nadal ya aparece tras Djokovic. No importa: "They'll do it every time". Lo harán todas las veces. Es el título de unas historietas de trastadas cómicas de los años 40 y 50, de Jimmy Hatlo. Y fue lo último que intentó leer en Reikiavik ese pobre niño prodigio, Bobby Fischer.