Buffalo-Pittsburgh: un récord NHL bajo cero
Orchard Park acogió un partido al aire libre con 71.217 aficionados


Fue Sidney Crosby quien acaparó los flashes al sentenciar el partido con su gol en el shootout (tanda de penaltis), pero para muchos la protagonista de la noche no fue otra que la Zamboni: la máquina quitanieves que tuvo trabajo extra en el Buffalo-Pittsburgh jugado al aire libre en Orchard Park (Nueva York). Con temperaturas bajo cero. Y ante 71.217 espectadores, lo que supone un récord en la historia de la NHL. "Mira mamá, no hay techo", se leía en la pancarta que levantaba uno de los valientes aficionados que llenaron el Ralph C. Wilson Jr. Stadium con motivo del Winter Classic. Una experiencia, la de abrir el año con un partido al aire libre, que cautivó a todos. "Me encantaría repetir. Quizá no eran las condiciones idóneas para jugar un partido de hockey, por el tiempo, la nieve y el fuerte viento..., pero la atmósfera que se respiraba en el estadio era increíble", comentaba -y a cada palabra suya se escapaba el vaho- Lindy Ruff, técnico de los Buffalo Sabres.
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Habían perdido, pero quizá eso era lo de menos. Lo importante era formar parte de un momento histórico. El anterior récord de un partido al aire libre en la NHL databa del 22 de noviembre de 2003. Fue en Edmonton, con 57.167 hinchas en las gradas para seguir en directo el partido entre los Oilers y los Montreal Canadiens. Era la primera vez que se jugaba el clásico invernal en Estados Unidos, que sí había acogido partidos universitarios, como el inolvidable Michigan-Michigan St. (bautizado como La Guerra Fría) que en 2001 fue presenciado en directo por 74.544 espectadores. Pero aquel fue en octubre. Nada que ver con un partido de año nuevo en el que la nieve no es de atrezzo, en el que los copos se multiplican cuando el partido está en su punto decisivo.
El gol de Colby Armstrong (Pittsburgh), un visto y no visto ya que apenas habían transcurrido 21 segundos de juego, y el posterior de Brian Campbell (1:25 del segundo tiempo) forzaron que el partido se decidiera en el shootout. Y ahí decidió Crosby, natural de Nueva Escocia, al que la nieve y el gélido escenario le hacían sentirse en casa. "Cuando ves a 70.000 personas llenando las gradas en esas condiciones te das cuenta de lo que significa este deporte", afirmó Crosby. Eufórico, el comisionado de la NHL, Gary Bettman, anunciaba: "Se han superado las expectativas. Esto será inolvidable". La nieve arreciaba y el hielo se resquebrajaba. No había peligro, el partido ya había terminado. Habían ganado los Pinguinos de Pittsburgh; llamándose así me habría jugado todo mi dinero por ellos.