Monopolio del Ciudad Real
El equipo manchego conquistó su quinta Copa Asobal seguida

El Ciudad Real cumplió el pronóstico y alarga su dominio en la Copa Asobal: cinco finales consecutivas, cinco títulos. Monopoliza la competición de manera incontestable y el triunfo en Valladolid pasará al ranking como uno más, aunque seguramente no haya sido así, porque le costó sudor y lágrimas derrotar al aguerrido Ademar, muerto por las bajas en todas las líneas, pero que ayer plantó cara de una manera brillante y dentro de sus limitaciones practicó un buen balonmano.
Fue un partido vibrante, con excesivo protagonismo arbitral, que por templar gaitas acabó con un concierto de pito desconcertante. Pero lo realmente importante fue la propuesta del Ademar ante el bien plantado Ciudad Real: la aplicación de un juego caótico y arriesgado para desconcertar al rival. Y está claro que lo logró, y con ayuda de la presión psíquica, pues por muchas finales que se hayan jugado y se tengan desgastados los codos de levantar copas, en los momentos decisivos nadie se abstrae.
Puestas así las cartas, el Ciudad Real apostó por lo ortodoxo, con un 5-1 en defensa, con dos cambios ataque-defensa, con las rotaciones habituales y el desgaste necesario. Pero enfrente estaba el Ademar, crecido bajo el paraguas de Saric: penaltis parados, atacantes intimidados, y más de un cincuenta por ciento de efectividad antes del descanso (en la segunda parte bajó su protagonismo, pero su trabajo de meter al Ademar en la final ya estaba hecho).
El choque careció de dueño como corresponde a una final que se precie. El Ciudad Real se jugaba su prestigio; el Ademar no tenía nada que perder y el botín de un triunfo pagaría con creces cualquier esfuerzo. Contaba con otro protagonista que se crece siempre que huele a Valladolid: Castresana, el pivote que renunció a ir al Ciudad Real para quedarse en León, el enemigo público número uno de la afición vallisoletana, se las ingeniaba para crear dificultades a la defensa rival: provocó penaltis, exclusiones y cazó goles.
Cuando Valcic pidió a gritos descanso, porque ni atacaba ni defendía, el partido parecía visto para sentencia. También porque Entrerríos había encontrado o bien la puerta abierta para sus goles o bien el pase a Rutenka en el pivote. Y no. Con Stranovski de lateral, y con tres extremos dando vueltas por la pista, seguía el desconcierto manchego para pensar con claridad. Era como si el zarpazo estuviese al caer, pero el bullicioso ratón ademarista se libraba por los pelos hasta que cayó, por un gol (el último dio la sensación de estar fuera de tiempo). El Ciudad Real ya está en la Champions, para alivio del Portland, Valladolid, Barcelona y CAI.
Ribera: "Lo entregamos todo para ganar"
"Dadas las circunstancias, creo que no se nos puede pedir más. Estoy orgulloso de mi equipo, que siempre tuvo fe en todo momento en lo que proponíamos para ganar. Con nuestras limitaciones, que nos obligaron a poner una primera línea con jugadores de la segunda, estuvimos al borde del triunfo con una pelea sin límites. El partido lo decidió la exclusión de Krivoslikov".
Dujsebaev: "Tuvimos más fortuna al final"
"Fue un partido duro frente a un gran equipo que tuvo en Saric un auténtico soporte. Casi nos para todo. Al final nosotros tuvimos algo más de fortuna para conseguir este título. Estoy contento porque mis jugadores tienen afán y quieren ganar todos los encuentros, y debo felicitar al Ademar porque fue un digno rival para la final".
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Rutenka-Saric, los mejores
El portero serbio que trajo el Ciudad Real, Saric, pero que nunca jugó en su equipo, se llevó el premio del mejor de la competición, mientras que Rutenka, del Ciudad Real, fue designado el mejor de los dos encuentros por su aportación al título de su equipo.
