Vela | Barcelona World Race

Un reto de 90 días sin escalas ni asistencias

Tres equipos españoles están compitiendo en la Barcelona World Race, la Vuelta al Mundo con monocascos Open 60, dos tripulantes, sin escalas y sin asistencias externas. Una regata inédita, que lleva al límite la resistencia física.

<b>PRIMER ESPAÑOL. </b>El Mutua Madrileña de Sansó y Rivero, séptimo, es el primer español en la general.
Josep Margalef
Redacción de AS
Actualizado a

La Barcelona World Race (una vuelta al mundo a dos, sin escalas ni asistencias) que partió el 11 de noviembre de Barcelona, adonde volverá después de recorrer 24.596 millas náuticas (45.576 km), representa un hito inédito en la vela de alta competición. Por primera vez en la historia se realiza con sólo dos tripulantes a bordo de los poderosos IMOCA Open 60 (monocascos de 18,30 metros de eslora).

Desde hace tres semanas, nueve embarcaciones y dieciocho tripulantes, dos de ellos mujeres, están afrontando uno de los retos deportivos más duros de la vela mundial. No sólo se pone a prueba la resistencia de los barcos, sino también la de las personas, en un nuevo tipo de convivencia de una pareja, del mismo sexo o no, a bordo de un verdadero Fórmula 1 del mar.

Tres equipos españoles están luchando por el triunfo en la prueba: el Mutua Madrileña del mallorquín Javier Buby Sansó y el cántabro Pachi Rivero; el Estrella Damm del barcelonés Guillermo Altadill y el estadounidense Jonathan McKee y el Educación Sin Fronteras del también barcelonés Albert Bargués y la joven francesa Servanne Escoffier que, a sus 26 años, es la tripulante más joven de la competición.

Se calculan unos noventa días de navegación, ya se llevan veintidós, por los océanos más inhóspitos del mundo, en las condiciones climatológicas más extremas y sin poder recibir ni ayuda ni asistencia del exterior salvo en caso de vida o muerte; un reto para unos pocos héroes.

La dureza de una prueba inédita

Alimentación. La comida está calculada para 90 días y su peso es de 80 kilos, principalmente liofilizada, y también llevan unos sobres de estofados y comida en salsa, así como jamón ibérico envasado al vacío, aceite de oliva, café, chocolate e infusiones.

Agua. Se logra por medio de una potabilizadora de agua de mar que produce de 30 a 70 litros por hora. Sólo se utiliza para calentarla y disolver los alimentos liofiliziados. Se procura beber lo mínimo.

Habitáculo. Tiene apenas 15 metros cuadrados y en él se ubican la mesa de navegación, electrónica y transmisiones. En la parte de proa se colocan las velas y en un lateral está el catre de lona que sirve de cama.

Guardias. Se realizan cada dos o tres horas, aunque en los cambios de velas los dos tripulantes están en la cubierta, siempre unidos a un arnés. Se suele dormir (si las condiciones del mar lo permiten) seis horas de cada 24.

Higiene. El WC es un simple cubo y para la higiene corporal se debe esperar a la lluvia o utilizar las toallitas hidratantes (como las de los hospitales), para evitar llagas o infecciones.

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Temperatura. En el habitáculo se llega a los 50 grados y 80 % de humedad en las zonas ecuatoriales. En las zonas antárticas baja a 1º y la humedad es absoluta.

Electricidad. Procede de las baterías que se recargan con un generador diésel, que funciona cada 6 u 8 horas durante sesenta minutos. Se usa para los equipos electrónicos y de comunicación de a bordo.

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