Fútbol Sala - Campeonato de Europa | España 3 - Italia 1

Tetracampeones

España logra su cuarto Europeo tras superar claramente a Italia

La selección española de fútbol sala
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El deporte mueve pasiones porque es un espectáculo bello, atractivo e imprevisible. Es evidente que casi siempre ganan los mejores, pero todos los equipos, por grandes que parezcan, atraviesan momentos complicados que hacen tambalearse todas las previsiones.

En el caso del fútbol sala, no existe equipo más grande que la Selección española. Su palmarés se torna más lustroso a cada torneo que disputa y sus éxitos interminables demuestran que los frutos de su trabajo no son producto de la casualidad, sino de un estilo, de una escuela, iniciada por el maestro Javier Lozano, que José Venancio López promete perpetuar como su alumno más aventajado.

Desde los minutos previos a la final, en el pabellón se respiraba el ambiente de los grandes días. La afición azzurra, lejos de sentirse distanciada de su Italia brasileñizada, acudió al pabellón en un número, cuanto menos, meritorio. Incluso a la hora del himno los hinchas, acompañados por los periodistas italianos presentes, ayudaban a sus jugadores a cantar la letra patria, un himno que algunos de los jugadores apenas eran capaces de tararear.

Desde el primer minuto, España sacó las uñas y metió miedo a la rocosa Brasitalia. El equipo de Nuccorini sólo había recibido un gol en todo el Europeo y prometía dar batalla. Quizás fue ese aroma brasileño el que despertó la furia de la campeona del mundo. Podría tomarse como un primer aviso de cara al Mundial de 2008, que se disputará en zona canarinha.

Gol decisivo.

El empuje español atemorizó a Italia en los primeros minutos. Sólo Foglia, en alguna acción individual, inquietaba a Luis Amado. Así, tras varios avisos, España le endosó el primer golpe a su rival. Álvaro tomó la pelota, destrozó la cintura a su marcador con dos impresionantes fintas, elevó el cuero por encima de Feller y en el segundo palo apareció Marcelo para empujar a la red. La jugada del ala de ElPozo debería emplearse en todas las escuelas de fútbol sala.

El gol español hizo reaccionar a Italia, que recuperó el aliento y decidió tomar la iniciativa. España mantuvo la compostura, pero, quizás inconscientemente, cedió terreno a su rival hasta verse acorralado en los últimos instantes del primer tiempo, aunque sin consecuencias. Tener a Luis Amado en la portería te evita muchos disgustos.

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En la reanudación, España saltó a la cancha con la determinación de sentenciar el partido y dio un gran paso con el 2-0 de Daniel. Los jugadores españoles concedieron al público minutos de auténtico lujo: en defensa eran insuperables y en ataque, primorosos. La combinación era melódica. Así llegó el tercer gol, una obra maestra. La jugada de Marcelo, con magistral asistencia a Javi Rodríguez, demostró que la esencia brasileña no está en la cantidad, sino en la calidad, y de eso Daniel y Marcelo tienen para dar y regalar.

Los últimos minutos sirvieron para la recreación de la afición española, incansable, y para que Luis Amado pusiera la guinda a su impresionante torneo con un recital de paradas de todos los registros. Por algo es el mejor del mundo.

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