Manoletina en el Arena
Manolete tocó el acordeón y regaló a la Gala un gran momento

Los momentos sólo ocupan espacio en el corazón", le dijo a Relaño De la Morena, y por la escalera del escenario bajó un tipo corpulento provisto de acordeón. Los pájaros se tiraron a las escopetas y el Madrid Arena bebió los vientos por Manuel Esteban, ese al que el mundo mundial reconoce hace tiempo en un sobrenombre de torero grande, Manolete. Y con toda la razón: anoche, la Gala de AS pidió para este atlético eterno las dos orejas, y el rabo. Lo suyo, más que música, fue toreo: una manoletina.
Premio honorífico para él, o mejor para ese profesor ruso que cuando era un infante le enseñó a manejar el instrumento de la melancolía como los ángeles manejan el arpa. Aunque a veces nos parezca ilusión: "Hay mucha gente que piensa que esto es playback. Esto es directo y seguimos con Paquito el chocolatero", espantó Manolo a los fantasmas.
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En verdad, el forofo atlético dio con las teclas incluso más de lo que lo suele hacer con esas predicciones nocturnas de El Larguero. Faltaríamos a la verdad si no reconociéramos que tuvo una ayudita del Backstage (qué artistazo no se apoya de vez en cuando en su coro, o en su Playback). Qué enamorado no ha escuchado alguna vez ese sonido pegajoso. "Yo me enamoré en París, mientras escuchaba en el Sena un acordeón", reveló el crack.
Manolete había llegado a la cita hecho un flan, como desvelábamos en la previa, pero logró zafarse de los nervios en el camerino, quizá, gracias a la musa que por fin conoció en persona, su adorada Paulina Rubio. "Paulina me ha pedido que me vaya con ella de gira, pero Relaño no me deja", le aseguró Manolete a De la Morena y el director dio su venia: "Le dejo". Minutos más tarde, Manolo se encargó de presentar a la mexicana, pero seguimos echando de menos las entreñables curvas del acordeonista del Calderón, aquel que saltó al escenario del Madrid Arena con la delicadeza y la seguridad de un bailarín de ballet, salvando las evidentes distancias corporales... ¡Pero qué grande eres, Manolote!