Muere Norman Mailer, el hombre que noveló a Ali
Muhammad, Marilyn Monroe y Picasso, sus preferidos


Ahora sí que ha sonado lo que Norman Kingsley Mailer describió aquella noche de Kinshasa como La Canción del Verdugo. A los 84 años, Mailer ha muerto de complicaciones renales en el Mount Sinai Hospital de Nueva York. Y ahora sí que de la mitología de la noche embrujada del 74 sólo nos queda el eco y poco más: antes que Mailer ya estaban enterrados George Plimpton y Hunter S. Thompson, los otros dos sensacionales escritores-reporteros que se aventuraron entre los nenúfares del Río Congo y entre Ali y Foreman, aquel otoño de 1974: en Kinshasa, Congo, entonces reino de Mobutu Sese Seko.
Nos queda el mismo Muhammad. ¿Muhammad Ali? En una casita de Berrien Springs, Michigan, cobrando royalties por la venta de los derechos sobre todo lo que hizo, sobre su mismo nombre, habita la sombra de Muhammad, la sombra que el Mal de Parkinson ha construido donde una vez hubo un ser privilegiado que danzaba como una mariposa y picaba como una avispa.
Foreman.
Nos queda Foreman. Nos ofrece freidoras y hamburguesas en la ESPN. Nos queda también, a los 86 años, Angelo Mirena: Angelo Dundee, el manager de Ali, el que aflojó con un destornillador, y a la vista de todos, las cuerdas del ring de Kinshasa, para que Muhammad se replegara y se recostara elásticamente ante los bombazos desquiciados de Foreman: fue el Rope a Dope, Engaño en las Cuerdas. Engaño colosal, treta de maestros, Muhammad Ali, Angelo Dundee...
También murieron Bundini Brown, el cuidador de Muhammad, que se enfrentó con el sagrado Ali en el vestuario de Kinshasa: ocurrió que Muhammad no quiso vestir el batín que Bundini había elegido. Muerto está también Dick Sadler, el manager de Foreman.
Muerto está también, desde hace una decena de años, Mobutu Sese Seko, el autócrata que organizó el gran combate. Y todavía anda por ahí nada menos que Don King, pillando de unos y otros. Se nos van quedando cada vez más solos el eco y el rastro de la magia.
Frazier.
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Acabados Mailer, Plimpton y Thompson, aún vive uno que relató por las ondas la noche de Kinshasa: y sin ser precisamente comentarista. Nada menos que Joe Frazier, a quien Mailer critica en The Fight por su parcialidad en favor de Foreman y contra Ali. Norman y Frazier no eran precisamente amigos, desde el 8-3-71, en el Madison Square Garden, cuando Smokin Joe estropeó la fiesta a los partidarios de Ali al abatir a Muhammad en el primero de sus tres Combates del Siglo. Mailer hizo la crónica en Life. Fotos de Frank Sinatra.
Mailer terminó como empezó. Provocando. "Con El Castillo en el Bosque (su última obra, sobre Hitler), ofendo a los judíos, a la derecha, a los radicales..." Obsesionado con Hitler: "Durante toda mi vida he pensado en él, siempre me ha fascinado: el verdadero daño que hizo a los judíos fue machacar la mente de los que no murieron". Él, que no hablaba mal de Himmler, ahora volverá a encontrarse con Marilyn...