Atletismo | Regreso a la vida

Salazar ya corre tras 14 minutos en paro cardíaco

El campeón de maratón en los 80 sufrió infarto masivo

<b>TRICAMPEÓN EN NUEVA YORK</b>Salazar se proclamó campeón tres años consecutivos (1980, 81, 82) en el Maratón de Nueva York. Con su triunfo de 1981 fijó la plusmarca mundial sobre 42 kilómetros y 195 metros en 2:08.13. En 1982 también logró un triunfo memorable ante Beardsley en el Maratón de Boston: tras el llamado Duelo al Sol, Salazar recibió asistencia médica.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Hace 25 años, el corazón de Alberto Salazar, hijo de emigrados cubanos, era el del mejor maratoniano del mundo. Pero el pasado 30 de junio, en el campus de Nike, en Beaverton, Oregón, ese corazón se quedó parado por el bloqueo masivo de la arteria coronaria derecha.

Justo antes de una sesión de trote suave y en presencia de algunos de sus pupilos más queridos, Galen Rupp y Josh Rohatinsky, Salazar, hoy entrenador de fondistas prometedores, se llevó la mano a la nuca, hincó la rodilla en la hierba de Tualatin Valley, y según Rohatinsky, "empezó a ponerse azul".

En menos de cuatro minutos, los masajes cardíacos de Louis Barahona y Doug Douglass, médicos de la Guardia Nacional de Tualatin y el médico de un campamento de American Football que tenía lugar en el cuartel general de Nike, estabilizaron a Salazar. Ahí comenzaba el trabajo de los desfibriladores que recuperaron el corazón de Salazar en un total de 26 minutos, tras ocho electroshocks... y tras una suma total de 14 minutos en paro cardíaco.

Técnicamente, los masajes cardíacos que suplieron la actividad detenida del corazón fueron la clave en la resurrección de Salazar: impidieron que el cerebro se quedara sin oxígeno durante un periodo irreparable, que se estima normalmente entre cuatro y seis minutos.

El mito.

En la organización de Nike, el prestigio y carisma de Salazar son inconcebibles: a sus 49 años (7-8-1958), Alberto representa un mito, un puente viviente entre el presente y el pasado del legendario Oregon Runners Club: Steve Prefontaine, Frank Shorter, Bill Bowerman, Mary Decker...

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El fallecimiento trágico y prematuro de Prefontaine, Pre, llevó a la conversión de Phil Knight, uno de aquellos atletas de Bowerman, en el sumo sacerdote del imperio Nike. Salazar, cuyo padre disidente huyó de Cuba una hora antes de que lo detuviera la policía política de Fidel Castro, se esculpió como fondista a las órdenes de Bill Dellinger, el sucesor de Coach Bowerman. "Quería ganarlo todo. El maratón era un duelo donde alguien tenía que ceder antes o después. No iba a ser yo". Dellinger le inspiraba tras entrenamientos demoledores: "Eres un gran chico, Alberto".

Hoy, Alberto Salazar ha sufrido dos operaciones para levantar bloqueos hereditarios de sendas arterias coronarias. Lleva un marcapasos. Y entrena a sus pupilos del Oregon Project: Rupp, Rohatinsky, Amy Yoder-Begley, la medallista en Osaka Kara Goucher, y su marido, Adam, todos profundamente religiosos, de una u otra confesión. No puede superar las 130 pulsaciones por minuto. Pero ya corre. Vive.

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