"No hace falta ser un monje para triunfar"

Carlos Moyá

"No hace falta ser un monje para triunfar"

"No hace falta ser un monje para triunfar"

pepe andrés

Carlos Moyá, ex número uno, resiste con 31 años. Está tan bien que opta a ir al Masters de Shanghai (es el 13º de la Carrera). Ha sabido cerrar dos años de malos resultados.

Arrancó el curso el 43 del mundo. ¿Se veía tan arriba a estas alturas?

No. Los objetivos, siendo muy optimistas, eran estar cerca del Top-20. Ahora soy el 13 de la Carrera de Campeones y quiero ir al Masters de Shanghai; sé que es difícil, un objetivo alto, pero es básico subirme el listón para conseguirlo.

Todo muy bien, pero cuando se va acercando al Masters cae en dos primeras rondas (Bangkok y Viena). ¿Qué pasa?

Nada. Cuando acabé el US Open ya advertí que se iba a decidir en Madrid y en París y así va a ser. Este último mes, si miras las listas, no ha cambiado casi nada. Así que no me siento preocupado. Estoy jugando al mejor nivel del año.

Hoy, le espera un rival duro: Juan Carlos Ferrero.

Da igual. Con él va a ser difícil, pero me tengo que centrar en mi tenis y no pensar para nada en todo lo que hay en juego, sino centrarme en dominar con mi derecha y mi servicio.

Rebobinemos. ¿Qué transformación se ha producido para que tras dos años de malos resultados esté otra vez entre los mejores del mundo?

Supongo que me ha ayudado marcarme objetivos altos Estuve dos años deambulando, sin tener claro dónde quería llegar ni lo que quería hacer. Pensé que esa no era una buena manera de dejar este deporte así que me propuse entrar entre los veinte primeros y cambié de entrenador (fichó al argentino Luis Lobo). Di ese paso y estoy muy contento de la decisión que tomé, porque ahora tengo al mejor equipo del mundo.

¿Y cómo hace para motivarse, para cargar pilas?

Estaba cansado de perder partidos ante gente con la que nunca había perdido. Veía que no podía con jugadores de mi nivel y eso me enrabietó, me hizo espabilar y sobre todo el hecho de no querer dejar el deporte con esa sensación.

Es usted un puente entre dos generaciones. La de Sampras, Agassi, Corretja, Costa, Kuerten Y la de Nadal, Federer, Djokovic. ¿Cambia el juego?

Sí, cada vez se va evolucionando más hacia lo físico. Pero los que son muy buenos ahora lo habrían sido en cualquier época. De lo que sí que estoy contento es que, a pesar de que la gente vaya pasando y las generaciones cambiando, mi juego sigue siendo válido. Hasta ahora he ido evolucionando.

¿Qué se siente al enfrentarse contra un tenista diez años menor? ¿Le tienen respeto?

Sí. A mí me pasaba cuando comencé. No hay que olvidar que tienen enfrente a un número uno. Cuando esos chicos querían ser tenistas yo era un jugador que veían por la tele. Quieras o no eso impresiona, pero cuando entran en la cancha no se atienen a nada.

Estos días se ha entrenado con Nadal y con Federer. ¿Cómo les ha visto?

Tienen estilos muy diferentes. Nadal te mete presión en cada punto, no tiene fallos, pone un ritmo muy alto y los días que se ha entrenado aquí ha cogido ritmo. Y Federer parece cometer más fallos, pero tiene tiros que están fuera de los manuales, que son suyos y le hacen diferente a cualquier jugador.

Si la Copa Davis le dio una de las mayores alegrías de su vida, ¿por qué no volver al equipo?

Sí que me pica el gusanillo, pero debo ser consciente de mi edad y de lo duro que es el esfuerzo de mantenerse entre los 15 primeros. Me apetece porque es la competición más excitante y emocionante del mundo y lo que me dio la Davis no me lo va a dar nada.

¿Hace falta ser un monje para estar a gran nivel en el circuito?

No, para nada. Yo no soy ningún monje y creo que he triunfado, pero todo depende de la manera de ser de cada jugador. Veinte años sólo los tienes una vez y, dentro de los límites que la alta competición te permite, creo que he vivido una buena vida, me lo he pasado bien y eso me permite a los 31 años seguir siendo competitivo y no echar de menos etapas que otros no han vivido ni vivirán. Ha sido positivo para mí poder compaginar el tenis y la vida fuera del deporte.