El Tour viste a Pereiro con el maillot amarillo
Los organizadores viajaron a Madrid para proclamarle campeón

He tenido que esperar 14 meses para que me den este maillot, no creo que pase nada por llegar 15 minutos tarde". Sonriente, con el traje azul marino del Caisse d'Epargne, camisa blanca y corbata a juego (ni rastro de amarillo), se presentó Óscar Pereiro en el salón del Consejo Superior de Deportes (CSD), sus Campos Elíseos particulares. Allí, ante la presencia de más de un centenar de periodistas, fue investido como ganador del Tour de Francia 2006 por el director de la carrera francesa, Christian Prudhomme. Un improvisado podio sirvió para que el campeón se fotografiara con el jersey y el trofeo que no pudo lucir hace un año por culpa de Floyd Landis, positivo por testosterona en la etapa de Morzine.
Han transcurrido 14 meses desde que el menonita le robara la imagen en París, 14 meses en los que ha intentado retrasar lo irretrasable. Ayer, por fin, Pereiro pudo vestir orgulloso el maillot amarillo que mereció en la carretera. Los organizadores del Tour ni siquiera quieren esperar a la apelación de Landis en el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS). Para ellos, Óscar es el justo vencedor: "Ambos hemos aguardado demasiado tiempo", explicaba Prudhomme. La descalificación del estadounidense conlleva también que el tercer puesto pasa a manos de Carlos Sastre. Es su primer cajón en la ronda gala y el tercero en la historia con dos corredores nacionales. El primero lo formaron Federico Martín Bahamontes (2º) y Pérez Francés (3º), en 1963, y el segundo Luis Ocaña (1º) y José Manuel Fuente (3º), en 1973.
Pero vamos con Pereiro. El gallego pasa a formar parte del selecto grupo de ciclistas españoles que han conquistado la Grande Boucle, seis en total. Su nombre está inscrito ahora junto a los de Bahamontes, Ocaña, Perico Delgado, Miguel Indurain (cinco consecutivos) y Alberto Contador. Lamentablemente, se ha conocido antes el ganador de la edición de 2007 que el de la de 2006, aunque ese pequeño detalle no importaba ayer. Óscar Pereiro era un hombre feliz.
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De amarillo. Y no era para menos. Jaime Lissavetzky aprovechó el acto para anunciar que le será impuesta la Medalla de Oro al Mérito Deportivo. El secretario de Estado para el Deporte destacó que "el ciclismo necesita de buenas noticias como ésta y de gente como Pereiro para comenzar un nuevo camino".
Sin embargo, el corredor de Mos vivió su mejor momento en el podio que se dispuso para su coronación. Óscar, además de carismático, es un tío coqueto, al que le gusta ir arreglado y elegante. Cuando subió los peldaños para ser inmortalizado lo hizo con sus impecables traje, camisa y corbata. Sujetaba el maillot y el trofeo con cierto respeto. Era su momento y los fotógrafos le solicitaron que se enfundara el amarillo. Pero él seguía indeciso: "¿Sin la chaqueta? ¿Os vale encima de la camisa?". Entonces se soltó. Fuera ropa, vamos con este jersey, que para eso me lo ha ganado. La prenda dorada se convirtió en su segunda piel. 14 meses le ha costado poder vestirla orgulloso, emocionado. Para eso la ha ganado.
