Atletismo | Al Oerter

Al Oerter se fue con lo que tenía: cuatro oros

A los 71 años, en Fort Myers, Florida, murió Al Oerter, el mejor discóbolo de todos los tiempos, cuatro veces campeón olímpico entre 1956 y 1968. Oerter murió de una crisis cardíaca cantada desde 2003. Era un mito del atletismo.

<b>SEGUNDO DE CUATRO. </b>Al Oerter, en Roma 60: segundo oro de cuatro.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

En 2003, Al Adolf Oerter, (1936, Astoria, Nueva York), con abuelos alemanes, ya estuvo clínicamente muerto. Desde 2000, su hipertensión crónica (le temblaban las manos) asediaba al corazón. Y en 2003 ya hubo un primer episodio de infarto que le tuvo con un pie en el otro barrio. Los cardiólogos del HealthPark Medical Center, Fort Myers, Florida, le rescataron a golpes de desfibrilador y con dosis de Amiodarone, un regulador de la arritmia. "La droga que Satanás tomaría si no tuviera más remedio", solía decir Oerter. Él, que había decidido retirarse a los 48 años, tras asumir: "Está claro, la gente va con drogas".

Los médicos de Fort Myers urgieron a Oerter un trasplante de corazón: "No lo haré. He tenido una vida muy interesante, y pienso marcharme con lo que tengo", zanjó el viejo gigante. Cierto: la suya había sido una vida interesantísima desde que le alumbraron unos padres con negocio de fontanería en Queens. Con 1,94 metros de altura y peso entre 127 y 130 kilos, Oerter ganó cuatro medallas de oro olímpicas entre 1956, Juegos de Melbourne, y 1968, Juegos de México y del Black Power, pasando por Roma (1960) y Tokio, 1964. Entre 1954 y 1958, Al coincidió en la Universidad de Kansas, Lawrence, con un atleta fantástico: Wilt Chamberlain. Oerter y Millard Bill Easton, director de atletismo en Kansas, sugirieron a Chamberlain que podía triunfar como decatleta. Wilt no hizo caso, pero Easton le recomendó a Abe Saperstein, creador de los Harlem Globetrotters. Y ya nadie detuvo a Chamberlain...

Noticias relacionadas

Otra América, otro mundo. "Al hubiera lanzado bien cualquier cosa, disco, martillo, una bola de béisbol o una bomba de mano", sostenía Easton. Oerter era un Natural. Iba para sprinter en Sewanhaka High cuando, en una reunión de instituto, un disco cayó a sus pies: y lo devolvió a la grada con tal fuerza que los entrenadores alucinaron. Jamás tuvo un técnico específico para el disco: "Sé cuándo mi cuerpo me pide descanso y cuándo quiere entrenar siete horas".

En 1996, todo lo que Carl Lewis quería en Atlanta era ese cuarto oro olímpico en longitud "para empatar con Oerter", que dejó la competición activa tras los trials de 1984: a los 48 años. Cerró el camino del oro a Gordien, Danek y Jay Silvester. Pintaba cuadros. Y necesitaba un trasplante...

Te recomendamos en Polideportivo