Samuel y sus finales
Ganó la crono y el tercer puesto del podio. Sastre será segundo

Las maravillosas exhibiciones de Samuel Sánchez en las últimas etapas me dejan sentimientos contradictorios. Admiro sus demostraciones, naturalmente, pero me pregunto por qué no empieza antes, por qué no ajusta su fabulosa explosión física a las dos últimas semanas de carrera, o a las dos primeras, lo que le convertiría en un líder al que habría que perseguir con galgos. Imagino que no es posible. Supongo que la ciencia que prevé los picos de forma no afina tanto. O tal vez ocurra que el cuerpo humano siga reservándose ciertos derechos y sorpresas. No lo sé. Solamente intuyo que si la Vuelta durara una semana más, moriríamos todos y sólo quedaría Samuel Sánchez.
El corredor asturiano del Euskaltel se impuso en la última contrarreloj, dejando en evidencia la presunta fortaleza del líder (a 12 segundos). La victoria también le sirvió para alcanzar el tercer puesto del podio, en detrimento de un especialista como Cadel Evans, al que habrá que agradecer la presencia y la persistencia.
Es extraña esta progresión de Samuel Sánchez cuando los demás languidecen. Y es hora ya de que enseñe sus poderes en otras carreras como el Giro o el Tour, donde las últimas semanas suelen ser decisivas. Samuel cumplirá en invierno 30 años y necesita correr más y más selecto para saber cuál es su techo. En principio, quien brilla igual en la montaña que en la contrarreloj no debería renunciar a nada.
Justicia.
Sastre, que entregó en la crono 41 segundos, conservó su segunda plaza del podio, con 15 de ventaja sobre Samuel Sánchez en la general. Ese orden hace justicia al esfuerzo del líder del CSC, pero insisto en que el podio vale menos que su actitud en carrera. El hecho es que Sastre nunca había tenido un reconocimiento tan unánime y tan popular. A sus 32 años, sólo le queda probarse en el Giro con intenciones de favorito. Quién sabe si esas cumbres y esos rivales no se adaptan mejor a sus condiciones de diésel.
Finalmente, la clasificación general es incontestable. La mejor prueba del merecido triunfo de Menchov es que si no hubiese existido esa infame crono de 52,2 kilómetros que todavía amarga, el ruso seguiría siendo el ganador de la Vuelta. Lo que hubieran cambiado son los alrededores. Samuel hubiera sido segundo, a siete segundos, y Sastre, tercero, a 46. Me pregunto si esa clasificación ficticia no mide mejor la diferencia entre los favoritos. Lo seguro es que nos hubiera hecho disfrutar más.
Admito que no se puede analizar una prueba de tres semanas amputando una etapa y sé que existe en los organizadores la tradición (muy chic) de incluir dos cronos en el trazado, pero hubiera bastado con recortar el kilometraje de la primera y convertir en cronoescalada la segunda para elevar el tono de la Vuelta. Y esto no son juegos para cambiar de ganador; son ejercicios para atraer al público. El ciclismo nacional no soportará otra Vuelta a España en autopista.
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Más allá de haberse visto beneficiado por el recorrido, Menchov (29 años) es un campeón con futuro. No se trata de un ganador accidental como Caritoux o Giovanetti, sino de un ciclista con categoría para ser aspirante a todo. Sólo el tiempo nos dirá si es Zülle, Rominger o alguien distinto.
Es evidente que su victoria de 2005 por descalificación de Heras requería una confirmación. Y así lo debía sentir también Menchov, que en el podio se desmelenó y agitó el puño. A su victoria en la general, sumó la montaña, los puntos y la combinada. Sólo le faltó llevarse una azafata. Pero se conformó con los besos.