Ciclismo | Vuelta a España

Samuel reina en la lluvia

Venció en el Alto de Abantos. Carlos Sastre ya es segundo

DURAS RAMPAS. El pelotón, comandado por el Rabobank a su paso por San Lorenzo de El Escorial, supera una de las rampas más complicadas en la subida a Abantos.
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Fue una gran etapa, heroica por lluvia y por la repetición de un puerto, Abantos, que es una trampa para cazar osos. Fue una gran jornada, aunque no hizo otra cosa que confirmar a Menchov como próximo vencedor de la Vuelta. Se lo ha ganado. Y más que eso: ha dado la impresión de utilizar sólo las fuerzas necesarias. Jamás ha pasado un apuro ni ha generado una duda. Imagino que, en estos casos, ayuda mucho ser ruso impasible.

Sobre los aspirantes, prefiero destacar el instinto matador de Samuel Sánchez o la incansable entrega de Carlos Sastre, antes que disertar sobre sus avances en la general. Es cierto que Sastre ocupa ahora la segunda plaza y que Samuel se encuentra a una distancia razonable del podio. Sin embargo, temo que esos logros, que deberían ser consuelo para quien luchó por la victoria total, se conviertan en objetivos fundamentales, antes incluso de la primera etapa. Creo que hay algo acomodaticio y perverso para el espectáculo en celebrar los podios antes del final de las carreras.

El permanente esfuerzo de Sastre por mantener viva la competición debería ser más importante (y más recordado) que su clasificación final, ya sea el segundo o el tercer puesto. De igual manera que las dos etapas logradas por Samuel, en eterna convivencia con los mejores, tendrían que tener más peso que el último lugar del podio, si lo logra. La consigna debería ser no conformarse jamás, porque hay un premio que espera a los que no se rinden nunca. Quiero creerlo.

Lo sucedido ayer, y un día antes en Ávila, ha sido un ejemplo de batalla hasta la última línea, como solían decir los clásicos. Y esta vez el recorrido favoreció la proezas. El doble paso por el puerto de Abantos tuvo el efecto de asustar, primero, y rematar, después. A esa emboscada de rampas y muros se sumó la primera lluvia de otoño, que convirtió la carretera en una amenaza constante de barro y gravilla. Porque Abantos, a diferencia de otras montañas envueltas en celofán, es un puerto descarnado y prehistórico. Sé de la importancia que tiene mejorar la red de carreteras del Estado, pero deberían dejarse ciertos caminos secundarios para que recordemos cómo era el ciclismo y cómo el monte.

Espectáculo.

Sastre puso su firma a la primera ascensión con un ataque sostenido que fue castigando las fuerzas de los favoritos. Por delante circulaban ciclistas de varios equipos a la espera de una llamada del jefe. Si ya es duro ser un escapado, lo es mucho más cuando sabes que tu misión no es jugar la incierta lotería de la victoria de etapa, sino ayudar a tu líder.

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Si Sastre tensó la escalada, Samuel lo intentó abruptamente en el descenso. Menchov reaccionó entonces de inmediato, como si temiera más las bajadas que las subidas. Así se voló hasta las faldas de Abantos. Allí, la primera cuesta, repentina y salvaje, se convirtió en un sálvase quien pueda. El líder tomó algunos metros de ventaja, pero pronto recuperó sus sombras. Samuel atacó primero. Después fue Sastre quien decidió morir matando. Evans se descolgó, retorcido penosamente en unas cuestas que son las peores para sus condiciones de hombre-goma. Finalmente, Samuel se impuso en la cima, por delante de un prodigioso Dani Moreno, que sobrevivió entre los favoritos. Evans perdió 1:23.

La Vuelta se cierra con una crono (otra). Sastre debe defender 47 segundos sobre Evans y Samuel tiene al australiano a nueve. Pero insisto: prefiero no valorar el podio hasta la última línea, cuando la memoria será más precisa que las clasificaciones.

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