Con él llegaron las victorias
Nació en Argentina. Ha jugado en las mejores Ligas europeas y hasta dudó si jugar con la de Italia ante la falta de éxitos de España.

Nació en Argentina, como su hermano Guillermo, pero es un jugador español a todos los efectos. De hecho se formó en la concentración de la Federación Española de Palencia, una factoría a la que han ido a parar los talentos más prometedores de los equipos nacionales. Allí les pulen, les permiten estudiar y les inyectan el vicio por el voleibol, no vaya a ser que al crecer acaben distrayéndose con el baloncesto o con el balonmano, deportes con los que a la hora de pagar el voley no puede competir. Por eso la élite española está acostumbrada a vivir en la emigración.
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Miguel Ángel, 34 años, destacó pronto para ganarse la titularidad española. Era el más alto de los colocadores, el más potente en el saque, el más poderoso en el bloqueo. Todos los seleccionadores han contado con él, porque ha jugado en las grandes Ligas europeas. Pero al mayor de los Falasca, al líder que durante tanto tiempo ha chocado con Rafa Pascual, dos caracteres fuertes, dos jugadores dominantes y ganadores, hubo un tiempo en que le entró la duda, la de jugar con Italia tirando de su origen transalpino, o la de renunciar a la Selección porque sólo le reportaba esfuerzos, veranos sin vacaciones, largas competiciones y ningún resultado. Frente a la crítica de su deserción él ofrecía su entrega, sus lesiones sin curar para entregarse por España.
Por fortuna, el seleccionador Anastasi consiguió que Miguel Ángel volviese a asumir la responsabilidad de pensar en la cancha, de mover al equipo, de marcarle el ritmo de juego. Y en su madurez, Miguel Ángel llega en su mejor condición, con soltura, con una tranquilidad que imprime carácter a la Selección. Con él llegaron las victorias.
