Samuel y nada más
Se esperaba mucho de la etapa de Monachil, pero la clasificación general apenas cambia. El líder superó la jornada sin problemas y Samuel Sánchez fue el protagonista. El asturiano se fugó en la última subida, atrapó a Beltrán y le venció al sprint. Sastre lo volvió a intentar.

Me temo que a estas alturas todos asumen su suerte. Menchov acepta la fortuna de que Olano diseñara una Vuelta para Olano. Y los que siguen se acomodan a sus puestos respectivos. Efimkin es feliz con su primer podio y Evans se consuela con un tercer lugar que terminará siendo el segundo, como en el Tour, porque todavía nos falta una crono de 20 kilómetros. De allí hacia abajo, más ciclistas y más motivos para felicitarse: buen cuarto, gran quinto y magnífico décimo.
Intuyo que sólo hay un ciclista que en este momento no firmaría su clasificación actual: Carlos Sastre. Por eso ataca a Menchov. El resto cambiaría ascender un escalón por ganar una etapa. Así estamos y así somos. Conservadores.
Lo que sucedió ayer es prueba de lo que digo. Samuel Sánchez (a 4:01) se desplegó con la única intención de ganar la etapa. De esa forma lo entendió Menchov, que le dejó hacer. La reacción del resto de aspirantes también fue reveladora: jamás sintieron que Samuel atacaba al líder, sino que los amenazaba a ellos, a sus puestos, al buen cuarto y al gran quinto. Por eso tiraron para recortar distancias, liberando a Menchov de una responsabilidad que le hubiera creado ciertos sofocos.
Armstrong comprendía bien la psicología del nuevo ciclismo. Por ese motivo intimidaba a sus adversarios desde el primer día, seguro de que el miedo sería su mejor aliado. Y lo era. Una vez descartado el primer puesto, los perseguidores se limitaban a repartirse la pedrea. Menchov no tiene la presencia de Armstrong, pero tiene dos minutos de ventaja. Y ese tiempo es oro porque la Vuelta tampoco tiene la presencia del Tour.
La jornada estuvo movida, pero al final volvió a resultar decepcionante. En Monachil se reunieron los diez mejores de la clasificación, a excepción de Karpets y Devolder, los primeros en descolgarse. Y como siempre fue Sastre quien probó el momento del líder. Si su ataque y los sucesivos no causaron destrozo alguno es porque le falta explosividad y terreno para explotar. Sastre le pone empeño, pero necesitaría jugar sus cartas en el último tramo de una etapa demoledora, cuando la resistencia es más importante que la chispa. Pero de eso no hay. Monachil, subida respetable, llegaba después de dos puertos de tercera. De ahí las multitudes.
Decisivo.
En plena ascensión, Samuel Sánchez aprovechó un parón en la cabeza para tomar algunos metros de ventaja. Por delante marchaban Beltrán y Cunego, que había señalado la etapa como razón para seguir en liza.
Fue en los porcentajes más duros cuando varios impresentables empujaron a los ciclistas que abrían la carrera. Su intervención empañó el espectáculo a la vez que puso en peligro a los corredores. Porque los que empujan delante de las cámaras a los que se juegan la victoria suelen ser torpes integrales, de cuerpo y espíritu.
A pesar de la colaboración, Cunego se quedó clavado. Ni siquiera fue capaz de seguir el ritmo de Samuel en la bajada, cuando el asturiano terminó por atrapar a Beltrán. Ambos se lanzaron a tumba abierta hacia Granada.
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Aunque Samuel dosificó sus fuerzas en los últimos relevos, Beltrán no se dio por ofendido y siguió tirando. Tal vez los dos sabían quién sería el ganador y la discusión era inútil. Samuel es un cazador y Triki el monstruo de las galletas.
Menchov llegó a 41 segundos, bien acompañado, seguro y satisfecho con su buena fortuna. Como todos.