La Selección tiene a 'Paquito'
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En la televisión no se ve, porque aparece en los descansos o en los tiempos muertos. Pero cuando Paquito el Chocolatero se hace presente, el Palacio se viene abajo; o los 14.000 espectadores se vienen arriba, que para el caso es lo mismo. Los acordes de Paquito el Chocolatero provocan el mismo efecto devastador que los del Séptimo de Caballería. El enemigo no sabe dónde meterse de lo que se le viene encima. Entre los ¡eh!, las palmadas, el estruendo y encima Navarro metiendo triples, que es otro que se motiva mucho con Paquito, no hay equipo con el temple necesario para aguantar esa tormenta festivalera. Paquito va a acabar siendo para la Selección de baloncesto todo un personaje. Como lo es para los Sanfermines.
Y me parece muy bien. Paquito aparece allá donde haya una fiesta, y esta bendita Selección nuestra la da cada vez que juega. El público se lo pasa en grande. Aplaude, anima, grita, vibra, se emociona. Nadie permanece indiferente ante el espectáculo. Puedo asegurar que ni la décima parte del público puede apreciar cuándo hay una falta y hasta quién la hace; ni los sistemas defensivos ni de ayudas que se ponen en práctica. ¿Y esto qué importa? El baloncesto de la Selección ha hecho estallar la burbuja donde viven los entendidos y ha llegado al gran público. Esto es lo que hace grande al baloncesto, que los espectadores disfruten, salten ante cada canasta y entren en frenesí cuando escuchan Paquito el Chocolatero. ¿Qué deporte no quisiera lo mismo?
