Diluvio en Murcia
El alemán Andreas Klier ganó una etapa muy accidentada

Pasaron muchas cosas y apenas sucedió nada. Diluvió, hubo caídas y se formaron abanicos. Hasta llegó una escapada. Sin embargo, el resumen es que ganó un alemán, Andreas Klier, y la clasificación general continúa igual, con Menchov mirándonos desde arriba, como el retrato del bisabuelo.
Si echábamos en falta la primavera, ayer nos cayeron todas las lluvias de abril. No hay como desear algo para que se precipite, inesperadamente, sobre nuestras cabezas. Y lo que se desplomó fue un temporal que condicionó totalmente la etapa. Para empezar, dio vida a los tres escapados: Klier, Stamsnijder y Roy. Como se puede observar, ninguno era ni ligeramente latino.
Es mala suerte que el día de puertas abiertas ningún español se metiera en la fuga. Es cierto que Petacchi advirtió en la etapa anterior que su equipo no trabajaría para controlar la carrera, pero nadie podía imaginar que los otros velocistas le secundaran la idea. Así fue y así nos quedamos. Olmo, andaluz de Andalucía, lo intentó en los primeros kilómetros, pero no cuajó. Faltaba agua. También probaron Vallejo y De la Fuente. Sin suerte. Las fugas son una extraña combinación de valentía y fortuna. Debes seleccionar el momento y la compañía. Y debes correr ligero.
Cuando se desató el chaparrón el trío de cabeza supo que su aventura llegaría a buen puerto, en barca o en bicicleta. Para tres ciclistas es más sencillo salvar charcos y riadas. Para el pelotón, en cambio, es una pesadilla. Se necesita una coreografía imposible, porque siempre hay alguien que teme y frena, o que no teme y embiste. Por razones parecidas se fueron al suelo docenas de corredores, entre ellos Devolder o Zabel. En un abrir y cerrar de ojos, los escapados ya contaban con diez minutos de ventaja. Por su origen es fácil suponer que se sentían como pez en el agua.
Fue en el último tramo de la etapa cuando la carrera recobró el interés deportivo. A 16 kilómetros de la meta, el Caisse d'Epargne en pleno se puso a tirar del pelotón. Rabiosamente. El efecto es que el grupo saltó por los aires y 25 ciclistas se quedaron por delante, los instigadores y los favoritos. La maniobra recordó a las que desplegaba la ONCE cuando se movía una hoja. Y el parecido nos hace pensar que el equipo de Unzué hace tiempo que se viene aproximando al estilo del que fue su rival y su contrario. Ficha extranjeros y ataca en el llano. Todo muy científico, pero poco pasional.
Sin sorpresas.
Aunque el movimiento fue impecable, los mejores no se dejaron sorprender. Desde el principio de la etapa saltó la alarma sobre las intenciones del Caisse d'Epargne, que había montado en sus bicicletas un plato de 54 dientes, un desarrollo muy apto para remolcar tractores.
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Por delante, los tres amigos rompieron relaciones. Primero pinchó el joven Stamsnijder (22 años) y no le esperaron. Luego Klier, el más veterano de los fugados (31), jugó con las fuerzas de Roy (24), que ya eran muy pocas. Casi le bastó con amagar el ataque. Su arrancada le lanzó hacia la meta, pero cuando parecía ganador surgió de una nube Stamsnijder. Si existiera justicia, el chico hubiera vencido. Lo tenía todo: el pinchazo, la edad, la remontada y la estirpe. Su padre fue subcampeón del mundo de ciclocross. Pero esto no es Hollywood, es Torre Pacheco. Klier resistió el empuje de su enemigo y dejó que muriera de entusiasmo. Luego, le rebasó.
El pelotón apareció cuatro minutos después, con el líder de dorado y con Bettini de arco iris, porque el campeón mundial no entiende por qué debe llevar un maillot vino tinto (líder por puntos) cuando el suyo es más bonito y más ilustre. No seré yo quien le quite la razón.