Ciclismo | Vuelta a España

Petacchi se libera

El italiano ganó en Algemesí gracias al gran trabajo de Zabel

<b>EUFÓRICO. </b>Alessandro Petacchi celebra con rabia su triunfo, escoltado por Paolo Bettini y su compañero Erik Zabel, que actuó como su último lanzador.
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Alessandro Petacchi dio "no negativo" en un control antidopaje efectuado el pasado 23 de mayo en el Giro, donde había ganado cinco etapas. Ese eufemismo que dobla la negación para sugerir el positivo se utiliza cuando se detecta una sustancia prohibida que puede ser justificada con un certificado médico.

Su equipo lo expulsó y el Comité Olímpico Italiano recomendó un año de sanción para el velocista. Su condición de procesado también le impidió participar en el Tour de Francia. Sin embargo, el 2 de julio la Federación Italiana exculpó a Petacchi al revisar su expediente médico y entender que había usado dicha sustancia contra el asma "con fines terapéuticos y por vía respiratoria".

Así que no extraña la enorme alegría de Petacchi (33 años) cuando cruzó el primero la meta de Algemesí. Había ganado mucho más que una etapa. Había recuperado la autoestima, el tiempo perdido.

Imaginen por un momento que fuera verdad que Petacchi tiene alergia. Supongan que en este mundo de sospechas, que tan a pulso se han ganado los ciclistas, Petacchi hubiera usado el inhalador porque el polen le provoca estornudos y ahogo cuando llega la primavera. A alguna gente le ocurre. Cada vez a más, no influye la edad.

Es muy cierto que el ciclismo se ha llenado de alérgicos dudosos y es conocido que el salbutamol, en grandes dosis, mejora el rendimiento deportivo, al favorecer la respiración durante el esfuerzo. Pero no deberíamos perder de vista que esta redada permanente que ha provocado el propio ciclismo (jamás se olvide eso) corre el riesgo de alcanzar, por simple estadística, a algún deportista inocente. Y esa posibilidad invalida las condenas generales.

Colaboración.

Petacchi, un ganador habitual (dato que aniquila sospechas), se reivindicó ayer con un triunfo del que parecía alejado durante la primera semana, cuando Freire, Bettini o Zabel se repartían las victorias. En este caso, debe agradecer que un ilustre como Zabel ejerciera de lanzador y no de candidato. No son frecuentes los gestos de generosidad entre los campeones.

La historia que arrastraba el vencedor hermoseó una etapa que no tuvo mucha intriga. Como ha sucedido en todas las jornadas llanas, hay que anotar una escapada sin éxito. Esta vez repitieron aventura Raúl García de Mateo y José Antonio López Gil, el Malagueta. Se trata de dos fugados habituales, dos expertos en túneles que hacen gala de un empeño casi romántico. Basta decir que Malagueta fue el primero de los 173 ciclistas en pasar por el control de firmas. Estaba que se disparaba.

Su pena negra es que, por algún extraño motivo, esta Vuelta no ofrece recompensa para los esfuerzos en solitario o en compañía de otros pocos. Sólo Efimkin coronó en los Lagos una fuga multitudinaria. Los modestos no tienen esa fortuna, aunque los modestos que insisten dejan de serlo.

Después de ver durante tantas horas a ciclistas como García de Mateo y Malagueta no sólo apetece que ganen una etapa, sino que deseas que les quiera la novia y les sonría la vida. Se establece una conexión emocional que culmina el objetivo último del patrocinio deportivo: la identificación. No ganarán, pero te han ganado. Por eso apetece veranear en Andalucía y dormir en un colchón Relax.

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A siete kilómetros de la meta, los rebeldes fueron atrapados. El equipo Milram (empresa de productos lácteos que ahora apetecen poco) culminaba la primera parte de su trabajo. La segunda corrió a cargo de Zabel y Petacchi.

Hoy la Vuelta viaja hacia Torre Pacheco, otra etapa llana. A falta de montañas, se esperan héroes. Porque queremos consumir.

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