Ciclismo | Vuelta a España

Todos contra el líder

Menchov es el enemigo público, pero sus rivales no se rinden

<b>DESCANSO DEL GUERRERO. </b>Menchov, junto a Horrillo, al llegar al hotel donde se alojaba el equipo Rabobank.
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La Vuelta a España disfrutó ayer de su primer día descanso; es un decir. A primera hora de la mañana, la mayor parte de los equipos se trasladaron en autobús desde Andorra hasta Oropesa del Mar (450 kilómetros). El viaje, de casi cinco horas, fue interrumpido por varios autocares a unos 70 kilómetros del destino. Desde ese punto, muchos corredores hicieron el resto del trayecto en bicicleta, hasta completar dos horas de marcha. El equipo Rabobank, con Menchov a la cabeza, prefirió almorzar en Oropesa y entrenarse después. Sólo hubo una excepción a los hábitos de la mayoría: el Caisse d'Epargne optó por retrasar su salida y ejercitarse en Andorra (desafiando al tráfico y contribuyendo al colapso).

Si alguien piensa que los días de descanso transcurren en idílicos valles alpinos, entre vacas moradas y maillots lavados con suavizante, se equivoca de pleno. La primera prueba para quien pretende ser ciclista (o marine) es resistir un día de descanso.

Una vez instalados en complejos hoteleros que imitan las termas de Caracalla (con suegras en lugar de concubinas), los ciclistas dejaron prueba de sus sensaciones con miradas y palabras. Hasta hubo quien probó el spa ("salutem per acqua"), esa alberca de chorros que sustituye la intimidad del baño clásico por la piscina comunal con gorrito de agua.

A la hora de declarar sus intenciones, Carlos Sastre fue el encargado de levantar el espíritu nacional. El ciclista del CSC, cuarto clasificado en la general, lanzó un grito de esperanza que se valora más porque Sastre no grita: "No hay nada perdido", dijo.

Su optimismo se apoya en el número de etapas que faltan (once) y en la media de sorpresas que caben en semejante plazo (unas cuantas). Y lo cierto es que los antecedentes respaldan el ánimo de Carlos Sastre. Las últimas Vueltas se decidieron al final (como el Tour), quizá porque el nuevo ciclismo hace que los corredores acusen más el peso de los días. A falta de grandes perfiles, la emoción pasa por las consecuencias del desgaste físico en el último tramo de la temporada.

Repasando el calendario en busca de trampas escondidas, aparecen cuatro etapas con miga. Camino de Villacarrillo, los ciclistas afrontarán 207 kilómetros de toboganes por la Sierra de Segura y Las Villas. El terreno es propicio para las emboscadas si alguien dinamita la etapa desde los primeros kilómetros. Sería una buena oportunidad para Samuel Sánchez (a 4:42 del líder). Recuerdo que hace un año el asturiano de Euskaltel fue quien terminó más fuerte la carrera.

El siguiente conflicto podría presentarse sólo un día después. En Granada, Vinokourov arrebató el liderato a Valverde y la etapa repite los últimos kilómetros, con el puerto de Monachil a 20 kilómetros de la meta. Ese debería ser el momento de Sastre (a 3:02).

Precedente. La Sierra de Ávila, donde Hinault lanzó un ataque legendario en 1983 (liquidó a Gorospe), será otra ocasión para los valientes. Porque se necesitan corredores muy fuertes y muy valerosos para tensar la cuerda en el puerto de Mijares, a cien de la llegada. Marchante cumple los requisitos.

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Abantos, un puerto explosivo pero discreto, será la última oportunidad para atacar a los rusos antes de la crono de Collado-Villalba (20 km). Si Evans (a 2:27) llega a esa cita con poco más de un minuto de desventaja estaría en condiciones de luchar por el triunfo final.

Si lo escribes, es más fácil creerlo. Así que será bueno copiarlo mil veces para terminar de convencerse: "No hay nada perdido". Hay viento, hay tiempo. Hay ciclistas.

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