La hora de la verdad
Erik Zabel venció a Davis en vísperas de la contrarreloj de hoy

Lo siento por Davis, que levantó los brazos al creerse vencedor y era mentira. Es terrible, como cuando piensas que te saludan a ti (las rubias, mayormente), y respondes con infinito entusiasmo. Y no eras tú, era otro, el alto. Por si la vergüenza no fuera suficiente, en este caso se añade la foto inexplicable, que perseguirá a Davis como nos persiguen los retratos inoportunos, de generación en generación. El ciclismo es cruel hasta con las equivocaciones.
Sí, aunque Davis celebró la victoria, ganó Zabel, un clásico en el atardecer. Hace no mucho tiempo, era un ganador habitual, pero últimamente se ha reciclado en dama de honor. Sin embargo, ayer le acompañó la suerte. Zabel estuvo entre los supervivientes de una caída a tres kilómetros de meta (sin penalización de tiempo). Donde se esperaba una curva había una chicane, provocada por las obras del AVE. Y allí se quedó atrapado más de medio pelotón, entre ellos, Petacchi y Boonen, cuyos equipos habían tomado el mando de las operaciones y aniquilado la escapada de Rosendo y Raúl García.
Sin más oposición que Bettini, Allan Davis y Koldo Fernández, Zabel debió sentir que el sprint estaba hecho a su nueva medida. Y venció por apenas un tubular. Su triunfo significa una doble recuperación: la del velocista y la del arrepentido. Que yo recuerde, Zabel ha sido el único ciclista ilustre que, estando en activo y sin dar positivo, ha admitido que se dopó. Y ha sido perdonado. Ya podían otros seguir esa rueda.
Freire. Mientras todo esto sucedía, Freire estaba silbando. No es que se viera afectado por la caída, es simplemente que decidió tomarse el día libre. Según dijo después, se temía lo que ocurrió finalmente, eso que suele pasar cuando hay demasiados ciclistas que se sienten favoritos y una sola recta verdadera. Freire no sólo es rápido, también es listo.
Cumplida la etapa, hay que hablar de la crono de hoy (52 kilómetros), quizá la jornada más decisiva de la carrera. En esto se nota que Abraham Olano es director técnico de la Vuelta y encargado, junto a Paco Giner, del recorrido. Porque la crono, aunque se trata de rebajar su importancia hablando del viento a favor y el terreno descendente, resulta una exageración que amenaza con liquidar a un buen puñado de favoritos a las primeras de cambio. Y no sólo se trata del kilometraje, también del recorrido: la crono circula por una desangelada autopista recién estrenada, perfecta para el aterrizaje de un Jumbo pero inapropiada para el espectáculo. Si hay viento en contra las diferencias pueden ser monumentales, porque sólo resistirán los especialistas corpulentos. Si el viento es lateral o a favor se reducirá el desastre.
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Ante semejante panorama, Evans y Menchov son los principales favoritos para hacerse con el triunfo, aunque también se espera a Devolver. Karpets debería estar entre los mejores y Sastre tendrá bastante con sobrevivir. Pereiro lo pasará mucho peor: sufre un virus estomacal que le permitió llegar a duras penas a Zaragoza. Sería una verdadera lástima que eso le dejara fuera de combate. Habrá que ver también cómo afecta a Samuel Sánchez su caída de ayer, en apariencia sin importancia (se lastimó el codo derecho). Marchante es otro que pasa su reválida particular. Si corriera Olano, ganaría él.
Efimkin, por cierto, parte como líder y sin opciones aparentes. Sin embargo, después de la exhibición de Rasmussen en la crono del Tour ya no te puedes fiar de nadie. Hace bastante tiempo que nuestros pronósticos son como la foto de Davis, que levantó los brazos al creerse vencedor, y era mentira.