Ciclismo | Vuelta a España

Triple de Freire

Hasta ayer, el triple campeón del mundo nunca había ganado tres etapas en una gran vuelta. Pero el cántabro está en racha y apunta a su cuarto maillot arcoiris el 30 de septiembre, en Stuttgart. Koldo Fernández (Euskaltel) fue segundo. La jornada fue movida por los abanicos.

<b>NUEVA VICTORIA. </b>Con el triunfo de ayer, Freire suma ya tres etapas, su récord en una gran vuelta.
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Esta vez, Freire no quería, lo admitió en la meta. Le hubiera gustado que llegaran los escapados. Supuso que, de presentarse todos juntos, Petacchi o Boonen se tomarían venganza de tantas tardes sin azafatas. Y hasta debió pensar que era justo. Después de todo, él ya había ganado dos etapas. Y el liderato. La confesión descubre a Freire: no es un caníbal, es un gourmet. Prefiere el atraco al atracón.

Sus maneras chocan más si pensamos en su especialidad carnívora. Como cada sprint es la carrera de Ben-Hur, los sprinters suelen ser gladiadores con poco aprecio por la dentadura, propia o ajena. En todos ellos hay un punto de locura, un amor por el vértigo o un tupé, porque los velocistas son, con frecuencia, tipos altos y apuestos, con mentón de galán. Por eso Cipollini era el sprinter perfecto, porque lo tenía todo, hasta la nacionalidad.

Freire no encaja en ninguno de esos perfiles. Es una personalidad apacible, sensata. Y sin ser enclenque es lo contrario a corpulento. Quizá hasta resulte bien parecido, pero no ejerce. Es como un personaje de Qué bello es vivir. Seguramente por eso no se empeña en exprimir sus buenas rachas. Como si detectara una amenaza en el éxito. Los sprints son peligrosos, volvió a repetir ayer.

Sin embargo, ganó. Y lo hizo porque no le quedó más remedio. Su equipo no tiró para cazar a los fugados, pero cuando se agrupó el pelotón y divisó la última recta, la inercia fue conducir a Freire. No diremos que lo conducen mucho, porque le faltan lanzadores, pero al menos habrá que suponer su buena voluntad. Lo positivo es que, a fuerza de verse solo, Freire ha aprendido a no necesitar a nadie. Su mérito es saltar de rueda en rueda hasta que se abre un claro. Y entonces, se cuela. Como una ardilla entre los gladiadores. Así ganó su tercera etapa en la Vuelta. Boonen fue cuarto y Petacchi, sexto.

Aunque las victorias de Freire no suelen repartir el protagonismo con nadie, esta vez hay que resaltar el segundo puesto del alavés Koldo Fernández (Euskaltel, 25 años), que ya venció al triple campeón del mundo en la última etapa de la Tirreno Adriático. Eso demuestra que Koldo no es un intruso. Muy al contrario: se trata de un ciclista que logró 52 victorias en su paso por cadetes, juveniles y aficionados. Eso indica que volverá a manifestarse, quizá hoy.

Viento.

Krivstov, Augé, Backstedt y el malagueño José Antonio López, apodado El Malagueta, fueron los hombres a los que intentó salvar Freire. Su fuga arrancó a los dos kilómetros de la etapa y alcanzó casi los nueve minutos de ventaja, tiempo para soñar. El problema es que no hay escapada que pueda luchar contra el pelotón y contra el viento. Y el viento fue precisamente uno de los alicientes que encontró el grupo principal para acelerar la marcha.

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A unos 50 kilómetros de la meta comenzaron los abanicos, espectaculares pero poco dañinos. Igor Antón y Cunego eran los ciclistas más ilustres entre los rezagados. Marchante sufría en el pelotón cabecero, pero mantenía el tipo. Y a falta de víctimas, se restableció el orden.

Luego vino el sprint que ya dijimos. Tiró el Milram para Petacchi, el Quick Step para Boonen y el Lampre para Bennati. Pero al final ganó Freire. Aunque no quería.

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