Ciclismo | Vuelta a España

Cantabria al poder

El triple campeón del mundo ganó en su tierra y el presidente de Cantabria lo celebró por todo lo alto. Freire se impuso a Bennati y Bettini con una remontada fabulosa. Fue una jornada repleta de fugas. Marchante lo intentó y Kroon fue atrapado a cuatro kilómetros de la llegada.

<b>ALEGRÍA EN EL PODIO. </b>Revilla levanta en brazos a Freire ante el asombro de la azafata.
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Freire ganó en Reinosa, Cantabria, a 48 kilómetros de Torrelavega, su ciudad natal. Así se explica todo: su victoria y los achuchones del presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, que ganó la posición a las azafatas y levantó en brazos al ciclista (60 kilos) hasta hacer peligrar a ambos. Se da la casualidad de que Revilla era director de una sucursal de banco en Torrelavega cuando el campeón tenía sólo tres años. Visto desde esa perspectiva el gesto vale tanto como un beso de azafata: todos soñamos con que un director de banco nos suba en volandas.

Aunque Freire pasa buena parte del año en Suiza (allí nació su hijo Marcos el año pasado), también tiene una residencia en La Veguilla, donde disfruta de los amigos y de la tierruca. Es fácil suponer que las motivaciones sentimentales, sumadas a su talento oceánico, hicieron inevitable su triunfo. Insisto, todos soñamos con lo mismo: con azafatas, con banqueros y con volver a casa entre cálidos aplausos.

Revancha.

Freire, además, tenía una cuenta pendiente. En este caso con Bettini, que le ganó en Luarca. Entonces, nuestro campeón dijo que el italiano le había cerrado. El asunto se zanjó porque son buenos amigos, pero convenía una repetición a campo abierto. Mejor así. Tampoco se sabe cómo se hubiera tomado Bettini que le abrazara un señor con bigote.

Antes de la fabulosa remontada de Freire, que superó como un airbus a Bennati y Bettini, se vivió una etapa espléndida, agitadísima, repleta de fugas y valientes. Ángel Gómez Litu fue el primer instigador. La razón es doble: tiene ganas y es cántabro. Tras él se escaparon otros, con mención especial para Serafín Martínez, el gallego incansable.

También se dejaron ver sublevados habituales como Gárate, que perdió 13 minutos en Los Lagos (demasiado para su alcurnia), y David de la Fuente, que se encuentra más cómodo en la guerra de guerrillas que en las montañas picudas.

Kroon.

Sin embargo, el primer ataque con pólvora lo lanzó el holandés Kroon ("corona"), un ganador de etapa en el Tour. Su demarraje en el último puerto descolgó a Litu y pareció lanzarle hacia la victoria. Pero el pelotón no lo iba a permitir, especialmente el Rabobank, que trabajó para Freire como no se recuerda. Como consecuencia de ese esfuerzo se descolgó Petacchi, en horas bajas. También cedió Cunego.

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En esos momentos llegó el estirón de Marchante, que se fugó con la rabia de los favoritos que han defraudado el día anterior. Aunque fue atrapado finalmente, el movimiento indica orgullo y casta de campeón. Conviene recordar que Marchante no pelea sólo contra la Vuelta o el destino, lo que ya sería mucho; también lucha contra una colitis ulcerosa que reacciona mal ante las situaciones de estrés. Imaginen el problema: batallar sin alterarse, cantar bajo la lluvia.

Kroon fue cazado a cuatro kilómetros de la meta y acto seguido se preparó la ceremonia de los sprinters: lanzadores, codazos, vértigo y kamikazes ("viento divino"). Freire ganó su primera etapa en Cantabria y el ruso Efimkin sigue líder, cómodo con el jersey dorado. A él nadie le abrazó en el podio. Y dio un poco de pena, la verdad.

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