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Carl Lewis fracasa en su segunda vida

El laureado atleta americano estuvo en los Mundiales de Atletismo de Japón como comentarista de una televisión japonesa y como agente de Dwight Phillips, pero no ha tenido contacto con la delegación estadounidense, en la que nunca estuvo bien visto.

<b>EL HIJO DEL VIENTO. </b>El mítico Carl Lewis, el ídolo de los 80, en una imagen reciente.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Oficialmente, y para la delegación de EE UU en Osaka, Frederick Carlton Lewis, Carl Lewis, es el agente de Dwight Phillips, doble campeón del mundo y campeón olímpico de longitud. A Phillips le entrena Tom Tellez, que también entrenase a Lewis en los dorados y lejanos años 80. Pero ni Lewis ni Tellez han tenido plaza con la delegación de EE UU en Osaka, en el Hotel Hanshin. "No están con el equipo para nada. Carl ha venido a sus actividades particulares de promoción, y no hay nada más que comentar, sorry", explican los portavoces de la delegación estadounidense. (USA Track & Field). El viaje y el alojamiento en el Swissotel Nankai de Lewis y su agente-secretaria, Diane Cleve, de Colorado, han sido pagados por una televisión local de Osaka que ha emitido el programa completo del Mundial y que contaba con Lewis de especialista, a precio de saldo: 6.000 dólares.

Del Swissotel, la ex primadonna Lewis sólo salía para cortitas intervenciones televisivas, para algunas carreritas matinales y para verse con su hermana Carol (en Osaka con la NBC), además de almuerzos con amiguetes de los viejos tiempos, como Tellez, y los agentes Tony Campbell y Renaldo Nehemiah, ex plusmarquista de 110 vallas. "Mi tiempo ya ha pasado, ahora deben disfrutar otros", señaló a AS el nueve veces campeón olímpico. Diane controlaba sus movimientos y fijaba condiciones y cantidades para cualquier entrevista. Migajas de una fama que se va, entre problemas de imagen y todo género, como cuando Lewis fue detenido por la Policía de Los Angeles, por conducir sobrepasando el límite de alcohol en la sangre.

Publicistas.

Su imagen ambigua tampoco gustó nunca a los publicistas neoyorquinos de Madison Avenue. "Seas lo que seas, tu imagen es la que diga Madison Avenue, y allí no gusta Carl Lewis", sentencia Dwight Stones, ex recordman mundial de altura.

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La agente-secretaria Diane intenta aprovechar las últimas migajas de fama que le quedan a Lewis. No es que Carl sea exactamente el agente de Phillips, cuyos mejores días van pasando: lo es Diane, a través de su empresa de Colorado (Clevelewis), que se hizo con los derechos del atleta... y de Carl. La página web de Clevelewis, obsoleta, no se actualiza desde el pasado enero, y da la impresión de que tardará en hacerlo.

Mientras, Carl Lewis va tirando con contratitos televisivos y las parcas tarifas por aparición que le consigue Diane. No hay mucho más. No está bien visto en la USATF, Federación de EE UU, ni en Madison Avenue. No está en su mejor momento. Y no parece que lo mejor esté por llegar. Lo mejor de Lewis pertenece cada vez más al pasado. Sus diez medallas olímpicas, nueve de oro, y sus nueve medallas en Campeonatos del Mundo, ocho de oro y un bronce, no le han bastado para conquistar los favores del gran mercado de imagen.

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