Del Grillo a los Lagos
Bettini venció en Luarca y Freire le culpó de cerrarle en el sprint

Paolo Bettini ganó en Luarca, y aunque Freire acusó al campeón del mundo de hacer un sprint irregular, no se puede culpar al italiano por no abrir un pasillo a su principal adversario. Más bien dio la impresión de que Freire se encerró solo, entre las vallas y el ganador, sin opción de remontar. Seguramente el español era más fuerte y eso se puede suponer porque finalizó en segunda posición a pesar de rendirse tiempo antes y mecanografiar su queja con gestos de injusticia. Pero no basta con querer y poder, también hay que caber. Sucede en la vida y en los atascos.
Extrañan los lamentos de Freire, que es un gentleman en bicicleta, pero la polémica aviva lo que será una fabulosa rivalidad en el próximo Mundial de Stuttgart (30 de septiembre), donde el vigente campeón y el triple ganador medirán sus fuerzas y sus afrentas.
En el fondo, la riña no hace más que dar lustre a la Vuelta, que hasta el momento sólo admite en el podio canela fina, ensayando cada día posibles finales del campeonato del mundo. Hasta hoy, que se suben los Lagos.
Pero no adelantemos acontecimientos, porque la etapa de ayer tuvo miga. Como siempre hubo una víctima de alcurnia, en este caso Haimar Zubeldia, quinto clasificado en el pasado Tour de Francia. Unos conos mal colocados tuvieron la culpa de su caída, que dio como resultado una contusión en la clavícula, el parachoques de cristal de los ciclistas que vuelan. Zubeldia sigue en la Vuelta, pero dolido y magullado.
Su equipo, el Euskaltel, fue protagonista en sentido positivo por dejarse ver en los momentos cruciales, lo que anuncia el buen momento de Samuel Sánchez, el verdadero líder del equipo en la carrera. En esos instantes también se descubrió que Bettini había señalado con un círculo rojo la etapa. Y es un tipo decidido.
Alerta.
El zafarrancho comenzó en el último alto de la jornada. Quick Step se movió en esas rampas, dirigido por el asturiano Barredo, y la agitación fue tanta, que en el descenso sólo quedaban 60 ciclistas en cabeza. Entre ellos no estaban ni Boonen ni Petacchi. Sí Freire y Bettini. Y Cunego.
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Los últimos 40 kilómetros fueron de vértigo, a la espera del último repecho que conducía a la meta. Fue entonces cuando descubrimos que Pereiro está restablecido de su caída en Santiago. El líder de Caisse d'Epargne atacó para asustar o para ganar, que todo vale. Momentos después otro ilustre se dejó ver por los primeros puestos del grupo, Cadel Evans, segundo en el pasado Tour. El gesto insinúa el interés del australiano por la carrera, algo fabuloso para la Vuelta y para la competición.
No obstante, será hoy cuando saldremos de dudas. Esta tarde, en las cuestas de los Lagos, distinguiremos a los favoritos de los famosos. Es posible que no haya grandes diferencias, porque por algún extraño motivo los años han erosionado una cumbre que nació terrorífica. Pero al menos tendremos una pista de lo que sucede y un rastro de lo que sucederá.