Vuelta España | 1ª Etapa

Bennati vale oro

La Vuelta arrancó en Galicia y un gallego fue protagonista, Serafín Martínez, que se metió en la fuga del día. Al final, la etapa se decidió al sprint y Bennati fue el mejor. La cruz fue para Danielson, que se retiró por una caída. Cunego, también afectado, todavía sigue en carrera.

<b>VOLATA ESPECTACULAR. </b>Bennati, a la izquierda, se impuso a Freire, Petacchi, Davis y Boonen. Estos dos últimos pelearon a brazo partido en la recta final.
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Saltarse el prólogo adelantaba el fuego y el fuego quema: ayer se retiró el estadounidense Danielson (sexto el pasado año), un ciclista que se anuncia como las jóvenes promesas aunque ya tiene 29 años. El corredor del Discovery se vio envuelto en una caída que también afectó, y seriamente, a Cunego. Y eso nos preocupa más. Desde que ganó el Giro de 2004 con sólo 23 primaveras aguardamos su confirmación definitiva. Y como además es rubio y bajito, tipo Butragueño, nuestra ansiedad se dispara.

Cunego continuó en carrera, pero con la rodilla izquierda maltrecha y sangrante, lo que hace que nos pongamos en lo peor, porque Damiano no es kazajo, sino italiano. Por la noche visitó el hospital de Vigo y se descartaron fracturas en su esqueleto, lo que le mantiene en carrera, de momento.

Constatado el penoso accidente, hay que señalar que la jornada tuvo tres protagonistas: Serafín Martínez, Galicia y Daniele Bennati. Del primero hay que valorar su arrojo de espontáneo y su nombre de querubín. Ya no hay nombres así, alados.

Su acto de valentía nos sirvió para reconocer la clase de un ciclista que hizo mucho más que saludar a los paisanos, que también. Serafín aprovechó para presentarse en sociedad y enseñar maillot, gesto que habrá agradecido especialmente Valery Karpin, antes futbolista y ahora mecenas. Además de cubrir la mitad del presupuesto del equipo ciclista (unos dos millones de euros), Karpin patrocina a un equipo de rugby, otro de voleibol y a un nadador paralímpico. Es decir, que combina la lucrativa promoción inmobiliaria con la filantrópica promoción deportiva, como un Robin Hood con casco de obra.

La ventaja de Serafín, que se escapó en Pontevedra junto a los franceses Laquatre y Champion, no pasó de 2:40, pero al menos le permitió circular fugado por lugares históricos del ciclismo gallego, como Ponteareas, ciudad natal de los hermanos Rodríguez (Delio, Emilio, Manuel y Pastor) y de su director Álvaro Pino, o como Porriño, territorio de Pereiro.

Decorado. Mientras Serafín vivía sus momentos de gloria, Galicia se desplegaba con un día luminoso, lo que es mucho decir. El buen tiempo pobló la cuneta de espectadores, bastantes en traje de baño, porque el agua de la Ría está congelada y el ciclismo apetece. Por cierto: si las carreras en bicicleta se convierten muchas veces en un concurso turístico internacional, ayer ganamos.

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El pelotón acabó con el romanticismo a falta de diez kilómetros para la meta. Milram preparó el sprint para Petacchi y Zabel, y el resultado es que venció Bennati, ciclista del Lampre. El ganador de la última etapa del Tour ganó también la primera de la Vuelta y se sumó a los favoritos para el Mundial. Freire estuvo cerca de la victoria, pero se quedó cerrado en los últimos metros.

En el podio, Bennati lució su perfil de gondolero y se vistió el maillot oro entre personalidades con bigote que desplazaban dolorosamente a las azafatas de amarillo. En esto todavía nos gana el Tour. El podio es una concha y allí sólo se suben el ganador, las ninfas y Bernard Hinault.

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