María Vasco repite el bronce de Sydney 2000
María Vasco fue tercera en los 20 km marcha, bajo la lluvia, e igualó el bronce que consiguió en los Juegos de Sydney. Hizo una carrera espléndida y a punto estuvo de alcanzar la plata. Su medalla es la tercera de España en Osaka.


La ruleta de la vida giró para María Vasco entre la lluvia fina de Osaka. Y lo que le salió mal en 2006, con la pena del fallecimiento de su padre, y el desastre competitivo del Europeo de Gotemburgo, viró hacia el segundo gran éxito de su carrera, tras la medalla de bronce olímpica en Sydney 2000. María Vasco llegó al Mundial japonés en la mejor forma de su carrera y, por esta vez, la rueda de la fortuna también se puso de su parte: tras las dos primeras vueltas en Nagai Park, en la marcha de 20 kilómetros, se retiraba nada menos que Olimpiada Ivanova, la plusmarquista y campeona mundial en Helsinki 2005. Como es sabido, la suerte hay que buscarla saliendo de casa a las seis de la mañana con pala y un azadón. Desde las ocho de la mañana en Osaka, María ya estaba buscando esa suerte perdida en 2006: con gorrita roja y unas devoradoras ganas de revancha. Por allí marchaba también la portuguesa Susana Feitor, que le arrebató el bronce en el último suspiro del Mundial de Helsinki
Sin Ivanova en acción, tres rusas escaparon a los cinco kilómetros: Kaniskina, Shemyakina y Sbileva. Pero, a los 10 km, media carrera, a 30 grados y cuando la lluvia ya empapaba, un grupito de élite abanderado por Vasco cazaba a Sibileva. María José Poves y Beatriz Pascual tampoco se alejaban de las primeras posiciones. Entrarían 12 y 13 al final.
Kaniskina, de 22 años, metió la directa entre los kilómetros 15 y 20. Shemyakina, aún más joven, sólo 20 años, tomó la matrícula de su compañera y siguió su estela, mecánicamente, "a la soviética". Pero María Vasco enviaba a las rusas miradas lupinas, o viperinas, en cada una de las curvas del circuito que la acercaban a las rusas.
A falta de dos kilómetros, Vasco empezó a recortar la separación con Shemyakina, que, absorta con Kaniskina, se vio envuelta en el mismo error garrafal: Kaniskina se confundió y quiso meterse en el Nagai Stadium cuando aún quedaba una vuelta al circuito del parque. En plena confusión de las rusas, Vasco, furiosa de emulación, estuvo a punto de cerrar la caza, con la gorrita roja chorreando agua y sudor. Al fin, Kaniskina recuperó fuerzas en la prórroga y ganó en una hora, 30 minutos y nueve segundos. A 33 segundos llegaba Shemyakina con la plata en el bolsillo y María Vasco, bronce, mordiéndole los talones a sólo cinco segundos. Una recta más y la barcelonesa hubiese atrapado la plata. Pero, además de la medalla, María Vasco consiguió algo mejor: invertir la ruleta de la fortuna. El deporte y la vida dan vueltas. En la vuelta de 2007, María Vasco lleva medalla de bronce. Y ya se verá en Pekín. Con pala, azadón y gorrita roja.
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Después de esto, creo que hay María Vasco para rato. Venía a por todas. Me planteé dejarlo todo el año pasado, tras de la muerte de mi padre y quedar decimoquinta en el Europeo, algo que fue una cosa muy dura. Seguí adelante porque quise ser fuerte y valiente y demostrarle a mi padre, recién fallecido, que, sin él también podía continuar. Dudé porque no tuve muchas ayudas cuando las necesité. Pero soy una cabezona tremenda, como he demostrado. Esta medalla me sabe mejor que el bronce de Sydney".