Mundiales de Osaka | Altura

Thomas: "Soy un artista antes que un saltador"

El bahameño, oro con 2,35, hizo baloncesto hasta 2006

<b>CAMPEÓN FELIZ. </b>Donald Thomas festeja su título de altura.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Hasta enero de 2006, el bahameño Donald Thomas, 1,88 de talla, se helaba jugando a baloncesto en Lindenwood, una pequeña universidad de segunda categoría, NAIA, cerca de St. Charles, Missouri, EE UU. Justo ahí, tras almorzar, uno de sus amigos de Lindenwood, saltador de altura, desafió a Thomas, famoso en el campus por la belleza de sus slam dunks en las canastas de baloncesto. "Serás muy bueno machacando el balón, pero a que no saltas dos metros en altura"

Dicho y hecho. "Le tomé la palabra", explicaba ayer Thomas en la zona mixta, ya campeón del mundo de altura. Aquel día de enero de 2006, en Lindenwood, el bahameño y sus amiguetes se fueron a la pista de atletismo. Al primer salto, con shorts y zapatillas de básket, Thomas superó 1,98. Al segundo, 2,02. Al tercero, 2,13. Al momento, toda la panda se marchó a la oficina del entrenador de atletismo, Lane Lohr, que, de inmediato, seleccionó al bahameño. Dos días después, Thomas compitió oficialmente por primera vez y saltó 2,22 aún con zapatillas de baloncesto: récord de universidades en Eastern Illinois.

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Dos meses después de la conversación en la cafetería, Thomas volaba a Melbourne para representar a Bahamas en los Juegos de la Commonwealth. Aún con zapatillas planas, saltó 2,23. Perdió la medalla de bronce por mayor número de nulos. En el verano de 2006, se graduó en Lindenwood, en marketing, y se marchó a la Universidad de Auburn, donde su primo Henry Rolle entrena a los vallistas. Jerry Clayton, entrenador de altura de Auburn (la universidad de Charles Barkley), también había entrenado a Charles Austin, ex campeón de EE UU de altura. "Cuando Charles llegó con nosotros no quería ponerse zapatillas de clavos. No cambiamos su modo de saltar. Es algo natural y le propusimos los mínimos retoques. Aún ahora no estoy seguro de que sepa cuántas yardas tiene la pista de atletismo, ni siquiera si es redonda", bromeaba ayer Clayton, rodeado de bahameños felices.

Salamanca. Porque ayer, tras firmar el título universitario de EE UU con 2,29, y sellar en Salamanca, en julio, la mejor marca mundial del año, 2,35, Thomas, el matador de Lindenwood, se proclamó campeón mundial de altura. En el Nagai le llevó al oro otro salto bueno de 2,35, a la primera, relegando a Rybakov, al chipriota Ioannou y el atribulado Holm. Con su estilo autodidacta, Thomas casi se atasca en 2,33: pasó a la tercera. Ya calza clavos, pero no las zapatillas de altura ("son demasiado tiesas"): va con unas de pértiga. "Soy un artista (entertainer), antes que un saltador", proclamaba Thomas entre la incrédula delegación bahameña, que ni sabía cuánto tiempo real lleva saltando altura. "Debe ser como año y medio, pero, ¿qué más da eso ahora?", sostenía el jefe técnico de los caribeños, Barrows. Desde luego: qué más da

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