Tyson Gay devora a Asafa Powell y Atkins lo remata
Superioridad del estadounidense y el jamaicano sigue sin ganar títulos


Tyson Gay, Asafa Powell y Derrick Atkins vivieron una noche que jamás olvidarán: con los emperadores del Japón, Akihito y Michiko, en el palco de Nagai, la luna llena de Osaka consagró a Gay como un campeón de raza: de grandes pruebas. Esa misma luna nipona redujo a cenizas fantasmales las grandes marcas y el poderío de Asafa.
Entre el príncipe Tyson y el sometido Asafa irrumpió una turbulenta riada de ébano: Derrick Atkins, nacido en Jamaica (Hanover), emigrado a Bahamas con dos años y primo segundo de Asafa, con quien no se saluda: rencillas familiares. De ahí el abrazo de acero que Gay se llevó de Atkins no bien concluida la masacre, la masacre de Asafa, claro.
Para Powell, esta carrera traza una línea en el agua. No ya por la derrota en sí, sino por el modo en que se produjo. El fantasma del miedo y la presión atrapó al plusmarquista mundial: que no gana títulos. Fue justo en el momento en que la sombra de Gay apareció a su derecha. La salida de Asafa no le bastó para huir de la opresiva amenaza que acompaña a Tyson cuando progresa, una brigada ligera de un solo hombre. A falta de 40 metros, casi media carrera, Powell sintió la cercanía de Gay. Y colapsó. "Me entró el pánico cuando le sentí llegar fue mi gran error", diría Asafa.
Reacción.
Modesto, preocupado con la salida, Gay había desplazado indirectamente la presión hacia Powell. Tyson era el único estadounidense en carrera. Reemplazó los nervios con nervio, respondió al tiro en 143 milésimas, tercer tiempo de reacción (Asafa, 145, cuarto), y, sin fluir como en sus mejores días (9.76 casi legales, 9.84) pasó al ataque. A los 70 metros, Tyson Gay, bólido chiquito de Kentucky que maravilla en Arkansas, era agresor y depredador. Powell, coloso de las junglas jamaicanas, sólo una presa encogida.
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Era un Asafa roto el que navegaba con fuego en cubierta por la calle cuatro, casi sin querer ver la sombra meteórica de Tyson, que le pasaba por la cinco. Ahí, cuando la meta era apenas una bruma para Powell, la luna llena lanzó sobre la pista de Asafa otra sombra justiciera. 1.85 y 87 kilos: Derrick Atkins, el primo pobre que tuvo que irse a Bahamas.
En secante humedad de la noche de Nagai, Atkins desgarró los despojos de Powell y, con la plata en las zarpas, voló a abrazarse con Tyson, campeón del mundo en 9.85. Golpeado emocionalmente, Asafa prometió revancha: "Me siento mal, pero el año que viene atraparé a Gay". Será en Pekín, en todo caso. No en Osaka, la noche de la luna llena, de la sedosa progresión de Tyson Gay y de la venganza del primo pobre que se marchó de Jamaica.